Eclesiástico (Sirácide) 17
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1El Señor formó al hombre de tierra y a ella lo hace volver;
2le concedió un plazo de días contados y le dio dominio sobre la tierra;
3lo revistió de un poder como el suyo y lo hizo a su propia imagen;
4Hizo que todo viviente le temiera, para que dominara a bestias y aves.
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6Les formó boca y lengua y ojos y oídos y mente para entender;
7los colmó de inteligencia y sabiduría y les enseñó el bien y el mal;
8les mostró sus maravillas, para que se fijaran en ellas,
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10para que alaben el santo Nombre y cuenten sus grandes hazañas.
11Les concedió inteligencia y en herencia una ley que da vida;
12hizo con ellos alianza eterna enseñándoles sus mandamientos.
13Sus ojos vieron la grandeza de su gloria y sus oídos oyeron la majestad de su voz.
14Les ordenó alejarse de toda idolatría y les dio preceptos acerca del prójimo.
15Los caminos de los hombres están siempre en su presencia, no se ocultan a sus ojos.
16Sus caminos desde la niñez se inclinan al mal, no son capaces de transformar en corazones de carne los de piedra. Cuando dividió sobre la tierra las naciones.
17puso un jefe sobre cada nación, pero Israel es la parte del Señor.
18Por ser su primogénito lo educa y porque le dio la luz de su amor no lo abandona.
19Todas las obras de los hombres están ante él como el sol, sus ojos observan siempre sus caminos;
20no se le ocultan sus injusticias, todos sus pecados están a su vista.
21El Señor, que es bueno y conoce a su criatura, no los rechaza ni abandona, sino que los perdona.
22El Señor guarda, como sello suyo, la limosna que el hombre hace, y sus obras de caridad, como la pupila de sus ojos.
23Después se levantará para retribuirlas y dará a cada uno lo que merece. A los que se arrepienten los deja volver y reanima a los que pierden la paciencia. 25 Vuelve al Señor, abandona el pecado, suplica en su presencia y disminuye tus faltas; 26 retorna al Altísimo, aléjate de la injusticia y detesta de corazón la idolatría. 27 En el Abismo, ¿quién alaba al Señor como los vivos que le dan gracias?, 28 el muerto, como si no existiera, deja de alabarlo, el que está vivo y sano alaba al Señor. 29¡Qué grande es la misericordia del Señor y su perdón para los que vuelven a él! El hombre no es como Dios, pues ningún hijo de Adán es inmortal; 31¿qué hay más brillante que el sol? –y sin embargo también tiene eclipses– carne y sangre maquinan el mal. 32 Dios pasa revista al ejército del cielo, cuánto más a los hombres de polvo y ceniza.