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Baruc 4

La Biblia de Nuestro Pueblo (1995)

1La sabiduría es el libro de los mandatos de Dios, la ley de validez eterna: los que la guarden vivirán, los que la abandonen morirán.

2Vuélvete, Jacob, a recibirla, camina a la claridad de su resplandor;

3no entregues a otros tu gloria ni tu dignidad a un pueblo extranjero.

4¡Dichosos nosotros, Israel, que conocemos lo que agrada al Señor!

5¡Ánimo, pueblo mío, que llevas el nombre de Israel!

6Los vendieron a los gentiles, pero no para ser aniquilados; porque provocaron el enojo de Dios contra ustedes los entregaron a sus enemigos,

7porque irritaron a su Creador sacrificando a demonios y no a Dios;

8se olvidaron del Señor eterno, que los había criado, y entristecieron a Jerusalén, que los alimentó.

9Cuando ella vio que el castigo de Dios los alcanzaba, dijo: Escuchen, vecinas de Sión. Dios me ha enviado una pena terrible:

10vi cómo el Eterno desterraba a mis hijos e hijas;

11yo los crié con alegría, los despedí con lágrimas de pena.

12Que nadie se alegre viendo a esta viuda abandonada de todos. Si estoy desierta, es por los pecados de mis hijos, que se apartaron de la ley de Dios.

13No hicieron caso de sus mandatos ni siguieron el camino de sus preceptos, no pisaron fielmente la senda de su instrucción.

14Que se acerquen las vecinas de Sión, recuerden que el Eterno llevó cautivos a mis hijos e hijas.

15Les envió un pueblo remoto, pueblo cruel y de lengua extraña que no respetaba a los ancianos ni sentía piedad por los niños;

16arrebataron a la viuda sus hijos queridos, la dejaron sola y sin hijas.

17Y yo, ¿qué puedo hacer por ustedes?

18Sólo el que les envió tales desgracias los librará del poder enemigo.

19Váyanse, hijos míos, váyanse, mientras yo quedo sola.

20Me he quitado el vestido de la paz, me he puesto el sayal de suplicante, gritaré al Eterno toda mi vida.

21¡Ánimo, hijos! Invoquen a Dios para que los libre del poder enemigo.

22Yo espero que el Eterno los salvará, el Santo ya me llena de alegría, porque muy pronto el Eterno, su Salvador, tendrá misericordia de ustedes.

23Si los expulsó entre duelo y llantos, Dios mismo los devolverá a mí con gozo y alegría sin término.

24Como hace poco las vecinas de Sión los vieron marchar cautivos, así pronto verán la salvación que Dios les concede, acompañada de gran gloria y el esplendor del Eterno.

25Hijos, soporten con paciencia el castigo que Dios les ha enviado; si tus enemigos te dieron alcance, muy pronto verás su perdición y pondrás el pie sobre sus cuellos.

26Mis niños mimados recorrieron caminos ásperos, los robó el enemigo como a un rebaño.

27¡Ánimo, hijos, invoquen a Dios! Que el que los castigó se acordará de ustedes.

28Si un día se empeñaron en alejarse de Dios, vuélvanse a buscarlo con renovado empeño.

29El que les mandó las desgracias, les mandará el gozo eterno de su salvación.

30–¡Ánimo, Jerusalén! El que te dio su Nombre te consuela.

31Malditos los que te hicieron mal y se alegraron de tu caída,

32malditas las ciudades que esclavizaron a tus hijos, maldita la ciudad que los aceptó. 33 Como se alegró de tu caída y disfrutó con tu ruina, llorará su propia desolación. 34 Le quitaré la población de que se enorgullece y su arrogancia se convertirá en duelo. 35 El Eterno le enviará un fuego que arderá muchos días, y la habitarán largos años los demonios. 36 Mira hacia oriente, Jerusalén, contempla el gozo que Dios te envía. 37 Ya llegan alegres los hijos que despediste, reunidos por la Palabra del Santo en oriente y occidente; ya llegan alegres y dando gloria a Dios.

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