Baruc 2
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1Por eso el Señor cumplió las amenazas que había pronunciado contra nosotros, nuestros gobernantes que gobernaban a Israel, nuestros reyes y contra israelitas y judíos.
2Jamás sucedió bajo el cielo lo que sucedió en Jerusalén –según lo escrito en la Ley de Moisés–,
3que entre nosotros hubo quien se comió a su hijo y a su hija;
4el Señor los sometió a todos los reinos vecinos, dejó desolado su territorio, haciéndolos objeto de burla y ofensa en medio de los pueblos de la redonda donde los dispersó.
5Fueron vasallos y no señores, porque habíamos pecado contra nuestro Dios, desoyendo su voz.
6El Señor, nuestro Dios, es justo; a nosotros nos oprime hoy la vergüenza.
7Todas las amenazas que el Señor había pronunciado han caído sobre nosotros;
8con todo, no aplacamos al Señor convirtiéndonos de nuestra actitud perversa.
9Por eso el Señor estuvo vigilando para enviarnos las desgracias amenazadas.
10El Señor fue justo en todo lo que dispuso contra nosotros, porque nosotros no le obedecimos poniendo por obra lo que nos había mandado.
11Pero ahora, Señor, Dios de Israel, que sacaste a tu pueblo de Egipto con mano fuerte, con signos y prodigios, con brazo alzado y gran poder, haciéndote así un Nombre famoso que dura hasta hoy:
12nosotros hemos pecado, Señor, Dios nuestro; hemos cometido crímenes y delitos contra todos tus mandamientos;
13aparta de nosotros tu cólera, que quedamos muy pocos en las naciones donde nos has dispersado.
14Escucha, Señor, nuestras oraciones y súplicas, líbranos por tu honor, haz que ganemos el favor de los que nos deportaron;
15para que conozca todo el mundo que tú eres el Señor, nuestro Dios, que has dado tu Nombre a Israel y a su descendencia.
16Mira, Señor, desde tu santa morada y fíjate en nosotros; inclina, Señor, tu oído y escucha;
17abre los ojos y mira: los muertos en la tumba, con sus cuerpos ya sin vida, no pueden cantar tu gloria y tu justicia;
18mientras que los que viven agobiados por la tristeza, el que camina encorvado y desfallecido, los ojos que se apagan, el estómago hambriento, esos son, Señor, los que reconocerán tu gloria y tu justicia.
19Nuestras súplicas no se apoyan en los derechos de nuestros padres y reyes, Señor, Dios nuestro.
20Tú has descargado tu ira y tu cólera sobre nosotros, como lo habías anunciado por tus siervos, los profetas, que gritaban:
21Así dice el Señor: Dobleguen los hombros, sométanse al rey de Babilonia y vivirán en la tierra que di a sus padres.
22Si desobedecen al Señor y no se someten al rey de Babilonia,
23alejaré de las poblaciones de Judá y de las calles de Jerusalén la voz alegre y gozosa, la voz del novio y la voz de la novia, y el país quedará desierto, sin habitantes.
24Y como no obedecimos sometiéndonos al rey de Babilonia, cumpliste todas las amenazas pronunciadas por tus siervos los profetas: se sacaron de las tumbas los huesos de nuestros reyes y antepasados,
25y quedaron expuestos al calor del día y al frío de la noche. Ellos murieron de diversas calamidades, de hambre, de peste y a espada. 26 Y por la maldad de Israel y de Judá, la casa que llevaba tu Nombre ha llegado a ser lo que es hoy. 27 Tú, Señor, Dios nuestro, nos habías tratado según tu inmensa piedad y compasión; 28 tú hablaste por Moisés, tu siervo, cuando le mandaste escribir tu Ley en presencia de Israel: 29 Si no me obedecen, esa inmensa multitud quedará reducida a unos pocos, en medio de los pueblos donde los dispersaré. 30 Sé que no me van a obedecer, porque son un pueblo de corazón duro; con todo, en el destierro se convertirán, 31 y reconocerán que yo soy el Señor, su Dios; entonces les daré oídos y mente dóciles, 32 en su destierro me alabarán e invocarán mi Nombre, 33 se arrepentirán de su rebeldía y de su mala conducta, recordando cómo sus padres pecaron contra el Señor. 34 Entonces los traeré de nuevo a la tierra que con juramento prometí a sus padres, Abrahán, Isaac y Jacob, y la poseerán; los haré crecer y no disminuirán; 35 les daré una alianza eterna: seré su Dios y ellos serán mi pueblo, y no volveré a expulsar a mi pueblo Israel de la tierra que les di.