2 Crónicas 18
La Biblia de Nuestro Pueblo (1995) ›1Cuando Josafat llegó al colmo de su riqueza y prestigio emparentó con Ajab.
2Años más tarde bajó a Samaría a visitar a Ajab. Éste mató gran cantidad de ovejas y de toros para él y para su séquito; luego lo incitó a atacar a Ramot de Galaad.
3Ajab, rey de Israel, dijo a Josafat, rey de Judá: –¿Quieres venir conmigo contra Ramot de Galaad? Josafat le respondió: –Tú y yo, tu ejército y el mío, iremos juntos a la guerra.
4Luego añadió: –Consulta antes el oráculo del Señor.
5El rey de Israel reunió a los profetas, cuatrocientos hombres, y les preguntó: –¿Podemos atacar a Ramot de Galaad, o lo dejo? Respondieron: –Vete. Dios se la entrega al rey.
6Entonces Josafat preguntó: –¿No queda por ahí algún profeta del Señor para preguntarle?
7El rey de Israel le respondió: –Queda todavía uno, Miqueas, hijo de Yimlá, por cuyo medio podemos consultar al Señor; pero yo lo aborrezco, porque nunca me profetiza cosas buenas, sino siempre desgracias. Josafat dijo: –¡No hable así el rey!
8El rey de Israel llamó a un funcionario y le dijo: –Que venga en seguida Miqueas, hijo de Yimlá.
9El rey de Israel y Josafat de Judá estaban sentados en sus tronos, con sus vestiduras reales, en la plaza, junto a la puerta de Samaría, mientras todos los profetas gesticulaban ante ellos.
10Sedecías, hijo de Cananá, se hizo unos cuernos de hierro y decía: –Así dice el Señor: Con éstos embestirás a los sirios hasta acabar con ellos.
11Y todos los profetas coreaban: –¡Ataca a Ramot de Galaad! Triunfarás, el Señor te la entrega.
12Mientras tanto, el mensajero que había ido a llamar a Miqueas le dijo: –Ten en cuenta que todos los profetas a una le están profetizando buena fortuna al rey. A ver si tu oráculo es como el de cualquiera de ellos y anuncias la victoria.
13Miqueas replicó: –¡Por la vida de Dios! ¡Diré lo que Dios me manda!
14Cuando se presentó al rey, éste le preguntó: –Miqueas, ¿podemos atacar a Ramot de Galaad, o lo dejo? Miqueas le respondió: –Vete, triunfarás. El Señor te la entrega.
15El rey le dijo: –Pero, ¿cuántas veces tendré que tomarte juramento de que me dices únicamente la verdad en nombre del Señor?
16Entonces Miqueas dijo: –Estoy viendo a Israel desparramado por los montes, como ovejas sin pastor. Y el Señor dice: No tienen amo. Vuelva cada cual a su casa y en paz.
17El rey de Israel comentó con Josafat: –¿No te lo dije? No me profetiza cosas buenas, sino desgracias.
18Miqueas continuó: –Por eso, escuchen la Palabra del Señor: Vi al Señor sentado en su trono. Todo el ejército celeste estaba de pie a derecha e izquierda,
19y el Señor preguntó: ¿Quién podrá engañar a Ajab, rey de Israel, para que vaya y muera en Ramot de Galaad? Unos proponían una cosa, otros otra.
20Hasta que se adelantó un espíritu y, puesto de pie ante el Señor, dijo: Yo lo engañaré. El Señor le preguntó: ¿Cómo?
21Respondió: Iré y me transformaré en oráculo falso en la boca de todos los profetas. El Señor le dijo: Conseguirás engañarlo. Vete y hazlo.
22Como ves, el Señor ha puesto oráculos falsos en la boca de esos profetas tuyos, porque el Señor ha decretado tu ruina.
23Entonces Sedecías, hijo de Cananá, se acercó a Miqueas y le dio una bofetada, diciéndole: –¿Por dónde se me ha escapado el Espíritu del Señor para hablarte a ti?
24Miqueas respondió: –Lo verás tú mismo el día en que vayas escondiéndote de habitación en habitación.
25Entonces el rey de Israel ordenó: –Apresen a Miqueas y llévenlo al gobernador Amón y al príncipe Joás.
26Díganles: Por orden del rey, metan a éste en la cárcel y ténganlo a pan y agua hasta que yo vuelva victorioso.
27Miqueas dijo: –Si tú vuelves victorioso, el Señor no ha hablado por mi boca.
28El rey de Israel y Josafat de Judá fueron contra Ramot de Galaad.
29El rey de Israel dijo a Josafat: –Voy a disfrazarme antes de entrar en combate. Tú vete con tu tropa. Se disfrazó y marcharon al combate.
30El rey sirio había ordenado a los comandantes de los carros que no atacasen a chico ni grande, sino sólo al rey de Israel.
31Y cuando los comandantes de los carros vieron a Josafat, comentaron: –¡Aquél es el rey de Israel! Y se lanzaron contra él. Pero Josafat gritó, y el Señor vino en su ayuda, alejándolos de él.
32Los comandantes vieron que aquél no era el rey de Israel, y lo dejaron.
33Un soldado disparó el arco al azar e hirió al rey de Israel, atravesándole la coraza. El rey dijo al conductor de su carro: –Da la vuelta y sácame del campo de batalla, porque estoy herido.
34Pero aquel día arreció el combate, de manera que sostuvieron al rey de Israel de pie en su carro frente a los sirios hasta el atardecer. Murió a la puesta del sol.