Biblia
Entrar Crear cuenta

Esquema de color

Tamaño de letra

Salmos 1

Traducción en lenguaje actual con deuterocanonicos

1SALMOS Introducción Orar es hablar con Dios. Es dialogar con Dios. También es cantar alabanzas a Dios. Oramos cuando estamos tristes, cuando estamos alegres, cuando estamos tranquilos, cuando estamos preocupados. De todo esto encontramos muchos ejemplos en el libro de los Salmos. Exactamente ciento cincuenta ejemplos. El pueblo de Israel entendió lo que es orar, y siempre se mantuvo en diálogo con Dios. Le pidió ayuda cuando estuvo en peligro, le reclamó su silencio cuando pensó que Dios no lo escuchaba, le dio gracias cuando Dios se hizo presente. Cada momento de la historia de Israel está representado en estos ciento cincuenta salmos. Como si fuera una sola persona, el pueblo de Israel oró, y escribió sus oraciones, y las guardó para dejarnos un testimonio de su fe en el Dios de la vida, en el Dios de la historia, en el Dios del universo. Tenemos aquí oraciones que nos hablan de las bendiciones que reciben los que obedecen a Dios, y del fin que les espera a quienes no le obedecen (1, 7, 14, 18, 37). Hay salmos que reflejan la angustia de quien ora a Dios y parece no tener respuesta (22, 42, 43, 55, 74). Hay salmos que son una confesión de pecados, y una súplica pidiendo el perdón de Dios (32, 51). Hay salmos que hacen historia de las acciones de Dios a favor de su pueblo (89, 107, 136). En otros salmos se reconoce la grandeza de Dios en la creación (8, 19, 24, 29, 104). En otros más se invita al pueblo de Dios, y al universo entero, a unirse al salmista en su alabanza a Dios (84, 103, 148, 150). El pueblo de Israel hizo de los Salmos su libro de cantos y oraciones. Lo mismo hizo la iglesia, y por lo tanto puede unirse a Israel en este canto de alabanza al Dios único, rey del universo y de la historia: ¡Alabemos a Dios, porque él es bueno! ¡Dios nunca deja de amarnos! (Salmo 136) Libro 1 (Salmos 1—41) Éxito y fracaso Dios bendice a quienes no siguen malos consejos ni andan en malas compañías ni se juntan con los que se burlan de Dios.

2Dios bendice a quienes aman su palabra y alegres la estudian día y noche.

3Son como árboles sembrados junto a los arroyos: llegado el momento, dan mucho fruto y no se marchitan sus hojas. ¡Todo lo que hacen les sale bien!

4Con los malvados no pasa lo mismo; ¡son como el polvo que se lleva el viento!

5Cuando sean juzgados, nada los salvará; ¡esos pecadores no tendrán parte en la reunión de los buenos!

6En verdad, Dios cuida a los buenos, pero los malvados se encaminan al fracaso.

WhatsApp