Gálatas 1
Traducción en lenguaje actual con deuterocanonicos ›1GÁLATAS Introducción Esta carta del apóstol Pablo a los cristianos de la región de Galacia ha llegado a conocerse como la carta de la libertad cristiana. Durante su segundo viaje misionero, Pablo había anunciado la buena noticia acerca de Jesucristo en esa región (véase Hch 16:6 ). Muchos gálatas no judíos habían reconocido al Señor Jesucristo como el Salvador. Pero aparentemente después llegaron a esa región otros cristianos judíos, y les enseñaron a los cristianos gálatas que, además de creer en Jesús, debían también cumplir los mandamientos de Moisés ( Gál 1:6-9 ). Por eso Pablo los reprende, porque los gálatas parecían no haber entendido las enseñanzas cristianas que él mismo les había dado ( Gál 3:1-5 ). Pablo explica a los gálatas el significado de la buena noticia acerca de Jesucristo, haciendo un breve repaso del pacto de Dios con Abraham. Les hace ver que la ley es buena y no está en contra de la fe ( Gál 3:21 ), sino que es como un maestro que nos guía a la fe Jesucristo ( Gál 3:24 ). En esa vida de fe, todos somos uno, sin importar que seamos judíos o griegos, esclavos o libres, hombres o mujeres ( Gál 3:27 ). Por lo tanto, no es obligatorio cumplir con los requisitos de la ley. Pero Pablo se da cuenta de que esa libertad puede ser mal entendida. Por eso les aclara que no deben usarla «como pretexto para hacer lo malo» ( Gál 5:13 ), sino permitir que el Espíritu de Dios los lleve a actuar como se espera que actúen. Después de señalar las características de un verdadero cristiano ( Gál 5:22-24 ), Pablo afirma: «Si el Espíritu ha cambiado nuestra manera de vivir, debemos obedecerlo en todo» ( Gál 5:25 ). Saludo (1-3) Queridos hermanos de las iglesias de la región de Galacia: Yo, Pablo, y los seguidores de Cristo que están conmigo, los saludamos. Le pido a Dios, nuestro Padre, y al Señor Jesucristo, que los amen mucho y les den su paz. Soy un apóstol enviado a anunciar esta buena noticia: ¡Jesucristo ha resucitado! No me envió nadie de este mundo, sino Jesucristo mismo, y Dios el Padre, que lo resucitó.
4Jesucristo siempre obedeció a nuestro Padre Dios, y se dispuso a morir, para que Dios perdonara nuestros pecados y nos librara de este mundo malvado.
5¡Que todos lo alaben por siempre! Amén.
6Un solo mensaje verdadero Dios los llamó a ustedes, y por medio de Cristo les mostró su amor. Por eso, casi no puedo creer que, en tan poco tiempo, hayan dejado de obedecer a Dios, y aceptado un mensaje diferente de esta buena noticia.
7En realidad, no hay otro mensaje. Pero digo esto porque hay quienes quieren cambiar la buena noticia de Jesucristo, y confundirlos a ustedes.
8De modo que, si alguien viene y les dice que el mensaje de la buena noticia es diferente del que nosotros les hemos anunciado, yo le pido a Dios que lo castigue, no importa que sea un ángel del cielo o alguno de nosotros.
9Vuelvo a repetirles lo que ya les había dicho: Si alguien les anuncia un mensaje diferente del que recibieron, ¡que Dios lo castigue!
10Pablo fue llamado por Cristo Yo no ando buscando que la gente apruebe lo que digo. Ni ando buscando quedar bien con nadie. Si así lo hiciera, ya no sería yo un servidor de Cristo. ¡Para mí, lo importante es que Dios me apruebe!
11Queridos hermanos en Cristo, quiero que les quede claro que nadie en este mundo inventó la buena noticia que yo les he anunciado.
12No me la contó ni me la enseñó cualquier ser humano, sino que fue Jesucristo mismo quien me la enseñó.
13Ustedes ya saben cómo era yo cuando pertenecía a la religión judía. Saben también con qué violencia hice sufrir a los miembros de las iglesias de Dios, y cómo hice todo lo posible para destruirlos.
14Cumplí con la religión judía mejor que muchos de los judíos de mi edad, y me dediqué más que ellos a cumplir las enseñanzas recibidas de mis antepasados.
15(15-16) Pero Dios me amó mucho y, desde antes de nacer, me eligió para servirle. Además, me mostró quién era su Hijo, para que yo anunciara a todo el mundo la buena noticia acerca de él. Cuando eso sucedió, no le pedí consejo a nadie,
17ni fui a Jerusalén para pedir la opinión de aquellos que ya eran apóstoles. Más bien, me fui inmediatamente a la región de Arabia, y luego regresé a la ciudad de Damasco.
18Tres años después fui a Jerusalén, para conocer a Pedro, y sólo estuve quince días con él.
19También vi allí al apóstol Santiago, hermano de Jesucristo nuestro Señor. Aparte de ellos, no vi a ningún otro apóstol.
20Les estoy diciendo la verdad. ¡Dios sabe que no miento!
21Después de eso, me fui a las regiones de Siria y Cilicia.
22En ese tiempo, las iglesias de Cristo que están en Judea no me conocían personalmente.
23Sólo habían oído decir: «Ese hombre, que antes nos hacía sufrir, está ahora anunciando la buena noticia que antes quería destruir.»
24Y alababan a Dios por el cambio que él había hecho en mí.