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Eclesiástico (Sirácide) 51

Straubinger2014

1Oración de Jesús, hijo de Sirac. Te glorificaré, oh Señor y Rey; a Ti alabaré, oh Dios Salvador mío.

2Gracias tributaré a tu nombre, porque has sido mi auxiliador y mi protector.

3Y has librado mi cuerpo de la perdición, del lazo tendido por la lengua maligna y de los labios que urden la mentira; y delante de mis acusadores te has manifestado mi defensor.

4Por tu gran misericordia, de la cual tomas nombre, me has librado de los que rugían, ya prontos a devorarme;

5de las manos de aquellos que buscaban cómo quitarme la vida, y del tropel de tribulaciones que me cercaron;

6de la violencia de las llamas entre las cuales me vi encerrado y en cuyo fuego no fui abrasado;

7del profundo seno del infierno, de los labios impuros, del falso testimonio; de un rey inicuo y de la lengua injusta.

8Mi alma alabará al Señor hasta la muerte;

9pues mi vida estuvo a pique de caer en el infierno.

10Me cercaron por todas partes, y no había quien me prestase socorro; volvía los ojos en busca del amparo de los hombres, y no lo había.

11Me acordé, oh Señor, de tu misericordia, y de tus obras desde el principio del mundo;

12y cómo salvas, Señor a los que en Ti esperan, y los libras de las naciones.

13Tú ensalzaste mi casa sobre la tierra, y yo te supliqué que me librases de la muerte, que todo lo disuelve.

14Invoqué al Señor, Padre de mi Señor, que no me desamparase en el tiempo de mi tribulación, y mientras dominaren los soberbios.

15Alabaré sin cesar tu nombre, y le celebraré con acciones de gracias; pues fue oída mi oración.

16Me libraste de la perdición, y me sacaste a salvo en el tiempo calamitoso.

17Por tanto te glorificaré, te cantaré alabanzas, y bendeciré el nombre del Señor.

18Siendo yo todavía mozo, antes que anduviese errante, busqué abiertamente la sabiduría con mis oraciones.

19La estaba pidiendo en el atrio del Templo, y la buscaré hasta mi último aliento. Ella brotó su flor, como la uva temprana.

20Se regocijó con ella mi corazón; mis pies tomaron el camino recto; desde mi juventud iba yo en seguimiento de ella.

21Apliqué un tanto mi oído, y la percibí.

22Acopié mucha sabiduría en mi mente, e hice en ella muchos progresos.

23Al que me dio la sabiduría tributaré yo la gloria.

24Me resolví, por lo tanto, a ponerla en práctica; fui celoso del bien, y no me avergonzaré.

25Por ella ha combatido mi alma, y poniéndola por obra cobré fuerza.

26Levanté mis manos a lo alto, y lloré mi ignorancia.

27Hacia ella enderecé el alma mía; y la hallé en el conocimiento.

28Con ella desde luego fui dueño de mi corazón, por lo que no seré abandonado.

29Acongojado anduvo mi corazón en busca de ella; por lo tanto gozaré de esta rica herencia.

30El Señor me dio en recompensa una lengua, y con ella le alabaré.

31Acercaos a mí, oh ignorantes, y reuníos en la casa de la enseñanza.

32¿Por qué os detenéis todavía? ¿Y qué respondéis a esto, estando vuestras almas ardiendo de sed?

33Abrí mi boca y os dije: Venid a comprarla sin dinero.

34Someted a su yugo vuestro cuello, y reciba vuestra alma la instrucción; pues fácil es el encontrarla.

35Mirad con vuestros ojos lo poco que me he fatigado, y cómo he adquirido mucho descanso.

36Recibid la enseñanza como un caudal de plata, y poseeréis con ella un inmenso tesoro de oro.

37Alégrese vuestra alma en la misericordia de Dios; y alabándole a Él, nunca quedaréis confundidos.

38Haced lo que debéis hacer antes que el tiempo pase; y Él os dará a su tiempo vuestra recompensa.

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