Eclesiástico (Sirácide) 1
Straubinger2014 ›1Prólogo del traductor griego Muchas y grandes cosas se nos han enseñado en la Ley, y por medio de los Profetas, y de otros que vinieron después de ellos; de donde con razón merecen ser alabados los israelitas por su erudición y doctrina; puesto que no solamente los mismos que escribieron estos discursos hubieron de ser muy instruidos, sino que también los extranjeros pueden, asimismo, llegar a ser muy hábiles, tanto para hablar como para escribir. De aquí es que mi abuelo Jesús, después de haberse aplicado con el mayor empeño a la lectura de la Ley y de los Profetas, y de otros Libros que nos dejaron nuestros padres, quiso él también escribir algo de estas cosas tocantes a la doctrina y a la sabiduría, a fin de que los deseosos de aprender, bien instruidos en ellas, atiendan más y más a su deber, y se mantengan firmes en vivir conforme a la Ley. Os exhorto, pues, a que acudáis con benevolencia, y con el más atento estudio, a emprender esta lectura, y que nos perdonéis si algunas veces os pareciere que al copiar este retrato de la sabiduría, flaqueamos en la composición de las palabras; porque las palabras hebreas pierden mucho de su fuerza trasladadas a otra lengua. Ni es sólo este libro, sino que la misma Ley y los Profetas, y el contexto de los demás Libros son no poco diferentes de cuando se anuncian en su lengua original. Después que yo llegué a Egipto en el año treinta y ocho del reinado del rey Ptolomeo Evergetes, habiéndome detenido allí mucho tiempo, encontré los libros que se habían dejado, de no poca ni despreciable doctrina. Por lo cual juzgué útil y necesario emplear mi diligencia y trabajo en traducir este libro, y así en todo aquel espacio de tiempo, empleé muchas vigilias y no pequeño estudio en concluir y dar a luz este libro, para utilidad de aquellos que desean aplicarse, y aprender de qué manera deben arreglar sus costumbres los que se han propuesto vivir según la Ley del Señor. [[1]] Toda sabiduría viene de Dios, el Señor; con Él estuvo siempre, y existe antes de los siglos.
2¿Quién ha contado las arenas del mar, las gotas de la lluvia y los días de los siglos? La altura del cielo, la extensión de la tierra, y la profundidad del abismo, ¿quién las ha medido?
3La sabiduría de Dios, que precede a todas las cosas, ¿quién es el que la ha investigado?
4La sabiduría fue creada ante todas las cosas; y la luz de la inteligencia existe desde la eternidad.
5El Verbo de Dios en las alturas es la fuente de la sabiduría, y sus caminos son los mandamientos eternos.
6El origen de la sabiduría, ¿a quién fue revelado? ¿Ni quién conoce sus trazas?
7La disciplina de la sabiduría, ¿a quién fue descubierta y manifestada? ¿Ni quién entendió la multiplicidad de sus designios?
8Hay un solo Creador, altísimo y omnipotente y rey grande, y sumamente terrible, que está sentado sobre su trono, y es Dios, el Señor.
9Éste la creó en el Espíritu Santo, y la comprendió, la numeró, y la midió.
10Y la derramó sobre todas sus obras, y sobre toda carne, según su liberalidad, y la comunicó a los que le aman.
11El temor del Señor es gloria y honor; y es alegría y corona de júbilo.
12El temor del Señor recrea el corazón, y da contento y gozo y larga vida.
13Al que teme al Señor le irá felizmente en sus postrimerías, y será bendito en el día de su muerte.
14El amor de Dios es gloriosa sabiduría.
15Aquellos a quienes ella se manifiesta, la aman luego que la ven, y reconocen sus grandes obras.
16El principio de la sabiduría es el temor del Señor, el cual es creado con los fieles en el seno materno; acompaña a las mujeres escogidas, y se da a conocer en los justos y fieles.
17El temor del Señor es la santificación de la ciencia.
18La religiosidad guarda y justifica el corazón, da gozo y alegría.
19Quien teme al Señor será feliz, y bendito será en el día de su fallecimiento.
20El colmo de la sabiduría consiste en temer a Dios, y sus frutos producen plenitud.
21Llenará toda su casa de bienes, y de sus tesoros todas las recámaras.
22Corona de la sabiduría es el temor del Señor, que da paz cumplida y frutos de salud.
23El conoce la sabiduría y la calcula; lo uno y lo otro son dones de Dios.
24La sabiduría reparte la ciencia y la prudente inteligencia, y acrecienta la gloria de aquellos que la poseen.
25La raíz de la sabiduría es el temor del Señor, y sus ramas son longevidad.
26En los tesoros de la sabiduría se halla la inteligencia, y la ciencia religiosa; mas para los pecadores la sabiduría es abominación.
27El temor del Señor destierra el pecado.
28Quien no tiene el temor, no podrá ser justo; porque su cólera exaltada es su ruina.
29Por algún tiempo sufrirá el que padece, mas después será consolado.
30El hombre sensato retendrá sus palabras hasta, cierto tiempo, y los labios de muchos celebrarán su prudencia.
31En los tesoros de la sabiduría están las máximas de la buena conducta de vida;
32pero el pecador detesta el culto de Dios.
33Hijo, si deseas la sabiduría, guarda los mandamientos, y Dios te la concederá.
34Pues la sabiduría y la disciplina son temor del Señor, y lo que le agrada
35es la fe y la mansedumbre, pues colmará de tesoros al que la posee.
36No seas rebelde al temor del Señor; ni acudas a Él con corazón doble.
37No seas hipócrita delante de los hombres, ni ocasiones con tus labios tu ruina.
38Ten cuidado de ellos, a fin de que no caigas, y acarrees sobre ti la infamia;
39revelando Dios lo que tú escondes, y abatiéndote en medio de la asamblea.
40por haberte acercado al Señor con malignidad, estando tu corazón lleno de doblez y engaño.