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1 Juan 3

Straubinger2014

1Mirad qué amor nos ha mostrado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios. Y lo somos; por eso el mundo no nos conoce a nosotros, porque a Él no lo conoció.

2Carísimos, ya somos hijos de Dios aunque todavía no se ha manifestado lo que seremos. Más sabemos que cuando se manifieste seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal como es.

3Entretanto todo el que en Él tiene esta esperanza se hace puro, así como Él es puro.

4Todo el que obra el pecado obra también la iniquidad, pues el pecado es la iniquidad.

5Y sabéis que Él se manifestó para quitar los pecados y que en Él no hay pecado.

6Quien permanece en Él no peca; quien peca no le ha visto ni conocido.

7Hijitos, que nadie os engañe; el que obra la justicia es justo según es justo Él.

8Quien comete pecado es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Para esto se manifestó el Hijo de Dios: para destruir las obras del diablo.

9Todo el que ha nacido de Dios no peca, porque en él permanece la simiente de Aquél y no es capaz de pecar por cuanto es nacido de Dios.

10En esto se manifiestan los hijos de Dios y los hijos del diablo: cualquiera que no obra justicia no es de Dios, y tampoco aquel que no ama a su hermano.

11Pues éste es el mensaje que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros.

12No como Caín, que siendo del Maligno mató a su hermano. Y ¿por qué le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano eran justas.

13No os extrañéis, hermanos, de que el mundo os odie.

14Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte.

15Todo el que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en sí.

16En esto hemos conocido el amor, en que Él dio su vida por nosotros; así nosotros debemos dar nuestras vidas por los hermanos.

17El que tiene bienes de este mundo, y ve a su hermano padecer necesidad y le cierra sus entrañas ¿de qué manera permanece el amor de Dios en él?

18Hijitos, no amemos de palabra ni de boca, sino de obra y en verdad.

19En esto conoceremos que somos de la verdad, y podremos tener seguridad en nuestro corazón delante de Él,

20cualquiera sea el reproche que nos haga nuestro corazón, porque Dios es más grande que nuestro corazón y lo sabe todo.

21Y si el corazón no nos reprocha, carísimos, tenemos plena seguridad delante de Dios;

22y cuanto pedimos lo recibimos de Él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que es agradable en su presencia.

23Y su mandamiento es éste: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros, como Él nos mandó.

24Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él; en esto conocemos que Él permanece en nosotros: por el Espíritu que nos ha dado.

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