Zacarías 2
Santa Biblia Martín Nieto ›1Después levanté mis ojos y tuve una visión. Vi cuatro cuernos.
2Y pregunté al ángel que hablaba conmigo: "¿Qué son estos cuernos? Y me contestó: Éstos son los cuernos que dispersaron a Judá, Israel y Jerusalén.
3Después el Señor me hizo ver cuatro herreros.
4Y pregunté: ¿Qué vienen a hacer éstos aquí? Y me contestó: Aquellos cuernos son los que subyugaron a Judá, de tal manera que nadie levantó su cabeza; estos herreros vinieron a hacerles temblar de espanto, a derribar los cuernos de las gentes que levantaron su poder contra la tierra de Judá para dispersarla".
5Entonces levanté mis ojos y tuve una visión. Vi a un hombre que tenía en su mano una cinta de medir.
6Yo le dije: "¿Dónde vas? Y me contestó: A medir a Jerusalén para ver cuál es su anchura y su longitud.
7Entonces el ángel que hablaba conmigo se quedó parado, y otro ángel se le adelantó
8y le dijo: Corre y di a este joven: Jerusalén será una ciudad abierta a causa de la cantidad de hombres y animales que habrá en ella.
9Yo mismo seré para ella, palabra del Señor, un muro de fuego en su alrededor, y en medio de ella yo seré su gloria".
10¡Hala! ¡Hala! Huid de la tierra del norte, palabra del Señor, pues os dispersé, por los cuatro puntos cardinales, palabra del Señor.
11¡Hala! Sálvate, Sión, tú que habitas en Babilonia.
12Porque esto dice el Señor omnipotente -el que me ha enviado con autoridad- a propósito de las naciones que os han saqueado: el que os toca a vosotros, toca la pupila de mis ojos.
13Yo levantaré mi mano contra ellas, y serán presa de los que eran sus esclavos. Entonces sabréis que el Señor omnipotente me ha enviado.
14Canta y alégrate, hija de Sión, porque yo vengo a habitar en medio de ti, palabra del Señor.
15En aquel día muchos pueblos se unirán al Señor. Ellos serán también mi propio pueblo, yo habitaré en medio de ti y tú reconocerás que el Señor omnipotente me ha enviado a ti.
16El Señor poseerá a Judá como su heredad en la tierra santa, y elegirá de nuevo a Jerusalén.
17Que todo el mundo calle ante el Señor, porque se levanta de su santa morada.