Santiago 1
Santa Biblia Martín Nieto ›1Santiago, siervo de Dios y de Jesucristo el Señor, a las doce tribus dispersas por el mundo, salud.
2Hermanos míos, tened como suprema alegría las diversas pruebas a que podéis ser sometidos,
3sabiendo que la fe probada produce la constancia.
4Pero que la constancia vaya acompañada de obras perfectas, para que seáis perfectos, irreprochables, sin dejar nada que desear.
5Si alguno de vosotros está falto de sabiduría, que se la pida a Dios -que a todos da con generosidad y sin echarlo en cara-, y le será concedida.
6Pero que pida con confianza, sin dudar nada; porque el que duda es semejante a las olas del mar, agitadas por el viento y llevadas de una parte a otra.
7Un hombre así no piense recibir nada del Señor:
8es un hombre indeciso, inconstante en todos sus caminos.
9Que el hermano de humilde condición se sienta orgulloso de su alta dignidad,
10y el rico de su humillación, porque pasará como la flor del heno.
11El sol ardiente se levanta y seca el heno, se marchita la flor y desaparece su belleza; así se marchitará el rico en sus empresas;
12dichoso el hombre que soporta la prueba; porque si la ha superado, recibirá la corona de la vida que Dios ha prometido a los que le aman.
13Nadie diga en la tentación que es tentado por Dios. Porque Dios ni puede ser tentado al mal ni tienta a nadie,
14sino que cada uno es tentado por su propio deseo, que lo atrae y lo seduce.
15Después su propio deseo, una vez consentido, engendra el pecado; y el pecado, una vez cometido, produce la muerte.
16No os engañéis, mis queridos hermanos.
17Todo don excelente y todo don perfecto viene de lo alto, del Padre de las luces, en el que no hay cambio ni sombra de variación.
18Él nos ha engendrado según su voluntad por la palabra de la verdad, para que seamos como las primicias de sus criaturas.
19Mis queridos hermanos, sabed que todo hombre debe ser pronto para escuchar, pero lento para hablar y para airarse;
20porque el hombre airado no practica la justicia de Dios.
21Por eso, alejad de vosotros todo vicio y toda manifestación de malicia, y recibid con docilidad la palabra que ha sido plantada en vosotros y que puede salvaros.
22Cumplid la palabra y no os contentéis sólo con escucharla, engañándoos a vosotros mismos.
23Porque si uno escucha la palabra y no la practica, es semejante a un hombre que mira su cara en un espejo
24y, después de haberla visto, se olvida en seguida de cómo era.
25Pero el que considera atentamente la ley perfecta de la libertad y persevera en ella, no como un oyente olvidadizo, sino como un activo cumplidor, será dichoso en practicarla.
26El que cree que es religioso, pero no refrena su lengua, se engaña a sí mismo y su religiosidad no vale para nada.
27La práctica religiosa pura y sin mancha delante de Dios, nuestro Padre, consiste en visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones y en guardarse de los vicios del mundo.