Salmos 49
Santa Biblia Martín Nieto ›1Al maestro de coro. Salmo de los hijos de Coré
2Oíd, pueblos todos; escuchad, habitantes de la tierra,
3gente de pueblo y gente ilustre, pobres y ricos a la vez.
4Mi boca anuncia la sabiduría y el murmullo de mi corazón la sensatez;
5mi oído está atento a los proverbios, al son de la cítara resuelvo los enigmas.
6¿Por qué voy a temer en días aciagos, cuando me acorralan los explotadores,
7que confían en sus riquezas y presumen de su gran fortuna?
8Nadie puede rescatarse a sí mismo ni pagar a Dios por su propio rescate.
9Por costoso que sea el rescate de la vida, ella terminará para siempre jamás.
10¿Es que van a vivir indefinidamente?, ¿se van a quedar sin ver la fosa?
11No, la verán todos: los sabios mueren, lo mismo que los necios y los tontos, y dejan para otros sus riquezas.
12Las tumbas son para siempre sus mansiones, sus moradas eternas, por más que hayan dado sus nombres a sus tierras.
13El hombre en su riqueza no comprende que es igual a las bestias que perecen.
14Tal es la suerte de los que en sí confían, el fin de los que en sus discursos se recrean:
15como rebaños destinados al abismo bajan derechos a la tumba; los justos triunfarán sobre ellos, se esfumará su imagen y habitarán en el abismo, lejos de sus mansiones palaciegas.
16Pero Dios rescatará mi vida, me arrancará de las fuerzas del abismo.
17No sufras cuando un hombre se hace rico y crece la hacienda de su casa;
18pues, cuando muera, no ha de llevarse nada, su hacienda no bajará con él.
19Aunque en vida se felicitaba: "Te alaban porque has hecho fortuna",
20un día llegará en que se muera y no verá la luz nunca jamás.
21El hombre en su riqueza no comprende que es igual a las bestias que perecen.