Salmos 39
Santa Biblia Martín Nieto ›1Al maestro de coro. De Idutún. Salmo de David
2Yo me dije: "Voy a controlar mi vida y a no faltar con la lengua; pondré un freno en mi boca cuando un malhechor esté presente".
3Enmudecí, guardé silencio; callé, pero fue en vano, pues mi dolor se hizo insoportable, mi corazón ardía dentro de mí;
4pensando en ello, se encendió la llama, y entonces se desató mi lengua:
5Dame, Señor, a conocer mi fin y cuál es la medida de mis días, quiero saber lo caduco que soy.
6Como una cuarta son de largos mis días; ante ti mi vida es como nada, menos que un soplo son todos los humanos;
7como la sombra el hombre pasa, se afana por nada, acumula riquezas sin saber para quién.
8Y ahora, Señor, ¿qué puedo yo esperar? Mi respuesta está en ti;
9líbrame de todas mis maldades, no me expongas a la burla de los necios.
10Cierro mi boca y no la vuelvo a abrir, pues tú eres el que actúa.
11Deja ya de golpearme, que sucumbo bajo los golpes de tu mano.
12Tú corriges al hombre castigando la falta, como una polilla corroes su tesoro, el hombre no es nada más que un soplo.
13Escucha, Señor, mi grito suplicante; presta oído a mis llantos y no te hagas el sordo, pues yo soy un invitado tuyo; un huésped, como todos mis padres.
14Aparta tu mirada, que tenga yo un respiro antes de que me vaya y deje de existir.