Salmos 35
Santa Biblia Martín Nieto ›1De David
2toma tu escudo y tu armadura y ven a socorrerme;
3blande la lanza y cierra el paso a mis perseguidores; dime: "Yo soy tu salvación".
4Queden confundidos y deshonrados los que buscan mi vida, retrocedan cubiertos de vergüenza los que maquinan mi desgracia;
5sean como paja al viento acosados por el ángel del Señor;
6su camino sea oscuro y deslizante, perseguidos por el ángel del Señor.
7Pues sin motivo me han tendido su red, sin motivo han cavado una fosa para mí;
8que les sobrevenga de improviso la ruina, que la red que ellos tendieron los atrape y caigan en la fosa que cavaron.
9Entonces me alegraré en el Señor por haberme salvado;
10todo mi ser dirá: "Señor, no hay nadie como tú, que libras al pobre y al indigente de sus explotadores".
11Testigos de cargo se presentan y me preguntan de lo que no sé nada;
12me devuelven mal por bien, me encuentro desolado.
13Mas yo, cuando estaban enfermos, vestía de sayal, maceraba mi cuerpo con ayunos y estaba siempre orando interiormente.
14Como por un amigo o un hermano iba y venía cabizbajo y triste, como el que está en luto por la propia madre.
15Mas cuando yo tropiezo se juntan y se ríen, se juntan contra mí; me golpean a traición, me laceran sin cesar,
16me atacan y de mí se burlan, rechinando sus dientes contra mí.
17Señor, ¿hasta cuándo verás esto? Rescata mi vida de estas fieras rugientes, mi único bien, de estos leones;
18yo te daré gracias en la gran asamblea, te alabaré ante el pueblo entero.
19Que no se rían de mí mis crueles enemigos ni se guiñen el ojo los que me odian sin razón;
20no hablan nunca de paz y levantan calumnia a los que quieren la paz;
21abren sus fauces y dicen: "Ja, ja, con nuestros ojos lo hemos visto".
22Tú lo has visto, Señor, no te calles; Señor, no te alejes de mí;
23despierta, levántate, Señor mío y Dios mío, defiende mi derecho y mi causa;
24júzgame tú conforme a tu justicia, Señor, Dios mío, que no se rían de mí;
25que no puedan pensar: "Esto es lo que queríamos", que no puedan decir: "Nos lo hemos comido".
26Que todos a una se queden rojos de vergüenza, todos los que se alegran de mis males; que se cubran de vergüenza y de deshonra los que se consideran superiores a mí.
27Que griten de alegría los que quieren que se me haga justicia y digan sin cesar: "Grande es el Señor, que ha querido el bienestar de su siervo";
28mi lengua anunciará entonces tu justicia y proclamará tu alabanza todo el día.