Sabiduría 18
Santa Biblia Martín Nieto ›1Una luz espléndida brillaba, en cambio, para tus santos. Los egipcios, que oían su voz sin ver su figura, los proclamaban dichosos, aunque primero hubiesen padecido;
2porque no los maltrataban por los agravios recibidos, les daban gracias y les pedían perdón por su hostilidad.
3A los tuyos, por el contrario, les diste una columna llameante, guía para un camino desconocido, sol inofensivo de una gloriosa emigración.
4Pues aquéllos merecieron ser privados de la luz y ser encerrados en tinieblas por haber tenido prisioneros a tus hijos, por quienes debía darse al mundo la luz incorruptible de la ley.
5A los que habían resuelto matar a los hijos de los santos, de los que uno solo fue expuesto y se salvó, en castigo les quitaste la muchedumbre de sus hijos y los hiciste perecer a todos juntos en un agua impetuosa.
6Aquella noche les fue de antemano anunciada a nuestros padres para que, sabiendo con certeza a qué juramento se habían confiado, tuvieran buen ánimo;
7tu pueblo esperaba la salvación de los justos y la perdición de los enemigos.
8Pues con lo mismo que castigabas a los enemigos nos glorificaste a nosotros, llamándonos a ti.
9Los hijos santos de los justos ofrecían sacrificios en secreto, y de común acuerdo establecieron el pacto divino de que los santos compartiesen igualmente bienes y peligros, cantando antes las alabanzas de los padres.
10El grito discordante de los enemigos les hacía eco, y se extendía la triste voz de los que lloraban a los hijos muertos.
11El esclavo y el señor eran castigados con igual justicia, el plebeyo sufría igual que el rey.
12Todos sin excepción tenían muertos innumerables, heridos por un mismo género de muerte; y los vivos no bastaban para enterrarlos, ya que, en un instante, lo más noble de su linaje había sido destruido.
13Los que eran completamente incrédulos a causa de las artes mágicas, ante la pérdida de sus primogénitos reconocieron que este pueblo era hijo de Dios.
14Mientras un silencio apacible lo envolvía todo, en el preciso instante de la medianoche,
15tu palabra omnipotente se lanzó desde el trono real del cielo como guerrero despiadado en medio de la tierra entregada al exterminio,
16y, con la aguda espada de tu decreto irrevocable, puesta en pie, todo lo llenó de muerte y tocaba el cielo a la vez que aplastaba la tierra.
17Entonces, de repente, los atormentaban visiones y sueños terribles, y cayeron sobre ellos terrores inesperados;
18medio muertos, tendidos por tierra acá y allá, declaraban la causa de su muerte;
19pues los sueños terroríficos les habían advertido ya, para que no pereciesen sin conocer por qué sufrían aquellos males.
20La prueba de la muerte alcanzó también a los justos, y en el desierto se produjo una mortandad entre la multitud; pero la ira no duró mucho.
21Porque pronto un hombre irreprochable vino como adalid, empuñando las armas de su propio ministerio, la oración y el incienso expiatorio, y resistió la cólera y puso fin al azote, mostrando así que era siervo tuyo.
22Venció la revuelta no con la fuerza del cuerpo ni con el empuje de las armas, sino que con la palabra desarmó al que los castigaba, alegando los juramentos y los pactos patriarcales.
23Cuando ya los cadáveres se amontonaban unos sobre otros, él se interpuso, aplacó la ira y le cortó el camino hacia los vivos.
24En su vestidura talar estaba representado el mundo entero; los nombres gloriosos de los padres estaban grabados sobre las cuatro filas de piedras preciosas, y tu majestad sobre la diadema de su cabeza.
25A la vista de estas insignias, el exterminador retrocedió asustado, pues era suficiente la simple experiencia de la ira divina.