Judit 8
Santa Biblia Martín Nieto ›1Todo esto lo supo Judit, hija de Merarí, hijo de Ox, de José, de Oziel, de Jelcías, de Ananías, de Gedeón, de Rafaín, de Ajitob, de Elías, de Jilquías, de Eliab, de Natanael, de Salamiel, de Sarasaday, de Israel.
2Su marido, Manasés, de su misma tribu y familia, había muerto durante la siega de la cebada.
3Mientras vigilaba en la besana a los atadores de las gavillas, le dio una insolación y tuvo que guardar cama. Murió en Betulia, su ciudad, y fue enterrado con sus padres en el campo situado entre Dotán y Balamón.
4Judit, viuda hacía tres años y cuatro meses,
5vivía en una habitación que se había hecho en la terraza de la casa. Vestía un áspero sayal y siempre iba de luto.
6Desde que estaba viuda ayunaba todos los días, excepto los sábados y sus vísperas, los novilunios y sus vísperas, las fiestas y las conmemoraciones del pueblo de Israel.
7Era muy bella y de aspecto encantador. Su marido, Manasés, le había dejado muchas riquezas, criados y criadas, ganados y campos, y ella los administraba.
8Nadie podía hablar mal de ella, pues era muy temerosa de Dios.
9Judit se enteró de las duras palabras que el pueblo había dicho contra el jefe por la falta de agua. Supo también lo que había dicho Ozías y cómo había jurado entregar la ciudad a los asirios después de cinco días.
10Entonces mandó a la administradora de todos sus bienes que llamara a Cabris y a Carmis, los ancianos de la ciudad.
11Cuando llegaron, les dijo: "Jefes de Betulia, escuchadme. Lo que hoy habéis dicho ante el pueblo no está bien. Habéis jurado entregar la ciudad a nuestros enemigos si Dios no viene en vuestra ayuda en estos días.
12¿Quiénes sois vosotros para tentar así a Dios y poneros por encima de él delante de los hombres?
13Queréis poner a prueba al Dios omnipotente, cuando no sabéis nada.
14Si no podéis escrutar el fondo del corazón humano ni penetrar en los pensamientos de su mente, ¿cómo vais a comprender a Dios, creador de todas las cosas? ¿Cómo vais a conocer sus pensamientos y a entender sus designios? Hermanos, no irritéis al Señor, nuestro Dios.
15Si no quiere socorrernos en estos cinco días, tiene poder para ayudarnos cuando quiera o para exterminarnos a la vista de nuestros enemigos.
16Pero vosotros no forcéis la voluntad del Señor, nuestro Dios, pues Dios no es como un hombre, al que se puede amenazar y presionar.
17Por tanto, con la esperanza de que nos salve, pidámosle su ayuda; y, si le parece bien, escuchará nuestras súplicas.
18Por otra parte, no hay actualmente en nuestra nación ninguna tribu, familia, pueblo o ciudad que adore a los ídolos, como sucedió en otro tiempo.
19Por eso nuestros padres fueron entregados a la espada y al saqueo, y cayeron ante nuestros enemigos.
20Pero nosotros no conocemos otro Dios que él; por eso esperamos que no nos abandonará ni a nosotros ni a nuestra nación.
21Pues si caemos nosotros, caerá toda Judea, el templo será saqueado y nosotros seremos responsables ante Dios de su profanación,
22de la matanza de nuestros hermanos, de la esclavitud de nuestra tierra, de la destrucción de nuestros bienes en medio de los pueblos donde estemos desterrados. Nuestros conquistadores nos humillarán y nos despreciarán,
23y nuestra esclavitud no sería para nuestro bien, sino que el Señor, Dios nuestro, haría de ella nuestra deshonra.
24Por tanto, hermanos, seamos conscientes de que la vida de nuestros compatriotas depende de nosotros, y que el santuario, el templo y el altar pesan sobre nosotros.
25Por todo esto demos gracias al Señor, Dios nuestro, que nos quiere probar, como a nuestros padres.
26Recordad lo que hizo con Abrahán, cómo probó a Isaac y lo que sucedió a Jacob en Mesopotamia de Siria, mientras apacentaba los rebaños de Labán, hermano de su madre.
27Pues como probó a éstos para sondear su corazón, así lo hace con nosotros; pero no por venganza, pues Dios castiga a los que se acercan a él para corregirlos".
28Ozías le respondió: "Todo lo que has dicho, lo has dicho con buenas intenciones, y nadie puede despreciar tus palabras.
29No es hoy cuando se ha manifestado tu prudencia, pues desde siempre el pueblo conoce tu sagacidad y la bondad natural de tu corazón.
30Pero el pueblo moría de hambre y nos ha obligado a actuar como lo hemos hecho y a comprometernos con un juramento que jamás quebrantaremos.
31Pide por nosotros tú, que eres una mujer piadosa, y el Señor nos enviará lluvia abundante para llenar nuestras cisternas y que no perezcamos".
32Judit le respondió: "¡Escuchadme! Voy a realizar una hazaña que se transmitirá de generación en generación a los hijos de nuestra raza.
33Estad vosotros esta noche a la puerta de la ciudad; saldré yo con mi doncella y, antes de expirar el tiempo fijado para entregar la ciudad a nuestros enemigos, habrá librado el Señor a Israel por mediación mía.
34Vosotros no intentéis conocer mi hazaña; no la conoceréis hasta que se realice".
35Ozías y los jefes le dijeron: "Vete en paz, y que el Señor Dios esté contigo para vengarte de nuestros enemigos".
36Entonces salieron de la habitación y volvieron a sus puestos.