Juan 4
Santa Biblia Martín Nieto ›1Cuando supo Jesús que los fariseos conocían que él hacía y bautizaba más discípulos que Juan
2(aunque él mismo no bautizaba, sino sus discípulos),
3dejó Judea y salió otra vez para Galilea.
4Tenía que pasar por Samaría.
5Llegó a un pueblo llamado Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José.
6Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo. Era cerca del mediodía.
7Llegó una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dijo: "Dame de beber".
8(Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer).
9La samaritana le dijo: "¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?". (Es que los judíos no se tratan con los samaritanos).
10Jesús contestó: "Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: Dame de beber, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva".
11La mujer le dijo: "Señor, no tienes con qué sacarla y el pozo es profundo; ¿de dónde sacas esa agua viva?
12¿Eres acaso tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebió él, sus hijos y sus ganados?".
13Jesús le respondió: "El que bebe esta agua tendrá otra vez sed,
14pero el que beba del agua que yo le dé no tendrá sed jamás; más aún, el agua que yo le daré será en él manantial que salta hasta la vida eterna".
15La mujer le dijo: "Señor, dame esa agua, para no tener sed ni venir aquí a sacarla".
16Jesús contestó: "Anda, llama a tu marido y vuelve aquí".
17La mujer contestó: "No tengo marido". Jesús le dijo: "Muy bien has dicho que no tienes marido.
18Porque has tenido cinco maridos, y el que ahora tienes no es marido tuyo. En esto has dicho la verdad".
19La mujer le dijo: "Señor, veo que tú eres profeta.
20Nuestros padres adoraron a Dios en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se ha de adorar es Jerusalén".
21Jesús le dijo: "Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
22Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.
23Pero llega la hora, y en ella estamos, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. Porque así son los adoradores que el Padre quiere.
24Dios es espíritu, y sus adoradores han de adorarlo en espíritu y en verdad".
25La mujer le dijo: "Sé que vendrá el mesías (es decir, el Cristo). Cuando él venga, nos lo aclarará todo".
26Jesús le dijo: "Soy yo, el que habla contigo".
27En esto llegaron sus discípulos y se admiraron de que estuviera hablando con una mujer. Pero ninguno se atrevió a decirle qué le estaba preguntando o por qué estaba hablando con ella.
28La mujer dejó su cántaro y fue a la ciudad a decir a la gente:
29"Venid a ver un hombre que me ha adivinado todo lo que he hecho. ¿Será acaso éste el mesías?".
30Salieron de la ciudad y fueron adonde estaba Jesús.
31Entretanto, sus discípulos le insistían: "Maestro, come".
32Pero él les dijo: "Yo tengo una comida que vosotros no conocéis".
33Los discípulos se decían unos a otros: "¿Le habrá traído alguien de comer?".
34Jesús les dijo: "Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y completar su obra.
35¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la siega? Pues yo os digo: Alzad los ojos y ved los campos ya dorados para la siega.
36El segador cobra el salario y recoge el fruto para la vida eterna. Así se alegra tanto el que siega como el que siembra.
37Porque en esto se cumple aquel proverbio: Uno es el que siembra y otro el que siega.
38Yo os he enviado a segar lo que no habéis trabajado. Otros han trabajado, y vosotros os habéis beneficiado de su trabajo".
39Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por el testimonio de la mujer, que decía: "Me ha adivinado todo lo que he hecho".
40Cuando llegaron los samaritanos, le rogaron que se quedara con ellos. Él se quedó allí dos días,
41y creyeron muchos más al oírlo.
42Y decían a la mujer: "No creemos ya por lo que tú nos has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y estamos convencidos de que éste es de verdad el salvador del mundo".
43Después de estos dos días salió de allí para Galilea.
44El mismo Jesús había afirmado que ningún profeta es bien considerado en su propio país.
45Cuando llegó a Galilea, los galileos, testigos oculares de todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, lo recibieron muy bien.
46Jesús regresó a Caná de Galilea, donde él había convertido el agua en vino.
47Al oír que Jesús venía de Judea a Galilea, salió a su encuentro y le suplicó que fuera a curar a su hijo, que estaba moribundo.
48Jesús le dijo: "Si no veis milagros y portentos, no creéis".
49El oficial dijo: "Señor, anda antes que muera mi hijito".
50Jesús respondió: "Vete, tu hijo vive". El hombre creyó en la palabra de Jesús y se fue.
51Cuando iba de regreso, sus criados salieron a su encuentro y le dijeron: "Tu hijo vive".
52Les preguntó a qué hora había empezado a mejorar, y le dijeron: "Ayer, a la una de la tarde, le dejó la fiebre".
53El padre reconoció que aquélla era la hora en que Jesús le había dicho: "Tu hijo vive". Y creyó en él con toda su casa.
54Éste fue el segundo milagro que hizo Jesús al ir de Judea a Galilea