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Job 8

Santa Biblia Martín Nieto

1Bildad, de Súaj, tomó la palabra y dijo:

2¿Hasta cuándo seguirás hablando así y las palabras de tu boca serán un viento desatado?

3¿Acaso Dios tuerce el derecho, el todopoderoso pervierte la justicia?

4Si tus hijos pecaron contra él, ya los hizo cargar con su pecado.

5Mas tú recurre a Dios, implora al todopoderoso.

6Si eres irreprochable y recto, desde ahora velará sobre ti y restaurará tu mansión de justicia.

7Tu ayer te parecerá mezquino a vista de la dicha que te espera.

8Pregunta a las generaciones del pasado, recurre a la experiencia de los padres,

9pues nosotros somos de ayer y nada sabemos; una sombra son nuestros días en la tierra.

10Ellos te instruirán, te hablarán, y de su corazón sacarán estas frases:

11¿Crece acaso el papiro fuera de las lagunas? ¿Brota el junco donde no hay agua?

12Aún en su verdor, sin ser cortado, antes que toda otra hierba se marchita.

13Tal es la suerte de todo el que de Dios se olvida, así fenece la esperanza del malvado.

14Un hilo sólo es su confianza, una tela de araña su seguridad.

15Se apoya en su morada, que no aguanta; se agarra a ella, y no resiste.

16Exuberante bajo el sol, por encima del huerto asoman sus ramas;

17entre un montón de piedras se entrelazan sus raíces, su vida se agarra a las rocas.

18Mas si se le arranca de su sitio, su sitio de él reniega: "No te he visto jamás".

19Y cómo se pudre en el camino, mientras del suelo brotan otros.

20No, Dios no rechaza al hombre justo ni da su mano a los malvados.

21De risa puede aún colmar tu boca y de júbilo tus labios.

22Tus enemigos quedarán cubiertos de ignominia, y la tienda de los malvados desaparecerá.

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