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Hechos 22

Santa Biblia Martín Nieto

1"Hermanos y padres, escuchad ahora mi defensa ante vosotros".

2Cuando oyeron que les hablaba en lengua hebrea, el silencio se hizo más profundo.

3Él siguió: "Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado aquí, en esta ciudad, a los pies de Gamaliel, instruido en la fiel observancia de la ley de nuestros padres, partidario entusiasta de la causa de Dios, como todos vosotros los sois en este día;

4yo he perseguido a muerte este nuevo camino, encadenando y metiendo en la cárcel a hombres y a mujeres,

5como me es testigo el sumo sacerdote y el colegio de los ancianos; ellos me dieron cartas para los hermanos de Damasco y fui allá con el fin de traer presos a Jerusalén a los creyentes que encontrara para que fueran castigados.

6Pero sucedió que cerca ya de Damasco, hacia mediodía, de repente me envolvió un gran resplandor del cielo.

7Caí a tierra, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?

8Yo pregunté: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues.

9Los que estaban conmigo vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba.

10Yo dije: ¿Qué tengo que hacer, Señor? Y el Señor me dijo: Levántate y entra en Damasco; allí te dirán lo que debes hacer.

11Como no veía nada debido a aquel gran resplandor, entré en Damasco llevado de la mano de mis compañeros de viaje.

12Un tal Ananías, fiel cumplidor de la ley, estimado por todos los judíos de la ciudad,

13se me presentó y me dijo: Hermano Saulo, recobra la vista. Y en el mismo instante la recobré y lo vi.

14Él dijo: El Dios de nuestros padres te ha destinado a conocer su voluntad, a ver al Justo y a oír su voz,

15porque serás su testigo ante todos los hombres de lo que has visto y oído.

16Y ahora, ¿qué esperas? Levántate, bautízate y lava tus pecados invocando su nombre.

17Cuando volví a Jerusalén, estando yo orando en el templo, fui arrebatado en éxtasis

18y vi al Señor, que me decía: Date prisa y sal pronto de Jerusalén, porque no recibirán tu testimonio acerca de mí.

19Yo le dije: Señor, ellos saben que yo iba por las sinagogas para meter en la cárcel y torturar a los que creían en ti.

20Cuando se derramó la sangre de Esteban, tu testigo, yo mismo estaba allí, consintiendo y guardando las ropas de los que lo mataban.

21Y me dijo: Ponte en camino, que te voy a enviar a pueblos más lejanos".

22Hasta aquí lo estuvieron escuchando, pero entonces se pusieron a gritar: "Quita del mundo a este hombre, porque no merece vivir".

23Como ellos continuaban gritando, agitaban los mantos y tiraban polvo al aire,

24el comandante mandó meterlo en la fortaleza, con orden de que lo azotaran a ver si confesaba y lograba saber por qué gritaban así contra él.

25Pero cuando le iban a sujetar con correas, Pablo dijo al oficial allí presente: "¿Está permitido azotar a un ciudadano romano sin haberlo juzgado antes?".

26Al oír esto, el oficial salió a comunicárselo al comandante: "¿Qué vas a hacer? Este hombre es romano".

27El comandante fue y le dijo: "Dime, ¿eres romano?". Pablo contestó: "Sí".

28El comandante dijo: "Yo he conseguido este derecho de ciudadanía mediante una importante suma". Pablo replicó: "Pues yo lo tengo de nacimiento".

29Al instante los que iban a torturarlo para hacerlo hablar se fueron. Y el comandante tuvo miedo, al darse cuenta de que era romano y que lo había encadenado.

30Al día siguiente, queriendo saber con certeza de qué lo acusaban los judíos, lo desató y mandó que se reunieran los sumos sacerdotes y el tribunal supremo. Después bajó a Pablo y lo hizo comparecer ante ellos.

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