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Hechos 19

Santa Biblia Martín Nieto

1Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo, después de haber recorrido las regiones montañosas, llegó a Éfeso, encontró algunos discípulos

2y les preguntó: "¿Habéis recibido el Espíritu Santo al abrazar la fe?". Ellos contestaron: "Ni siquiera hemos oído decir que haya Espíritu Santo".

3Él les preguntó: "¿Pues qué bautismo habéis recibido?". Ellos contestaron: "El bautismo de Juan".

4Pablo dijo: "Juan bautizó con bautismo de conversión, diciendo al pueblo que creyese en el que había de venir después de él, es decir, en Jesús".

5Al oírlo, se bautizaron en el nombre de Jesús, el Señor.

6Cuando Pablo les impuso las manos, descendió sobre ellos el Espíritu Santo y se pusieron a hablar en lenguas extrañas y a profetizar.

7Eran en total unas doce personas.

8Pablo entró después en la sinagoga, donde habló con absoluta libertad durante tres meses, discutiendo y esforzándose por convencerlos acerca del reino de Dios.

9Pero como algunos se obstinaban en no creer y desacreditaban el camino del Señor ante la gente, se apartó de ellos, hizo un grupo aparte con los discípulos y se puso a enseñar diariamente en la escuela de Tirano.

10Esto duró dos años, de manera que todos los habitantes de Asia, tanto judíos como paganos, oyeron la palabra de Dios.

11Dios hacía milagros extraordinarios por medio de Pablo,

12hasta el punto de que, con sólo aplicar a los enfermos los pañuelos o cualquier otra prenda de Pablo, se curaban y salían los espíritus malignos.

13Algunos exorcistas judíos ambulantes intentaron también invocar el nombre de Jesús, el Señor, sobre los que estaban poseídos por espíritus malignos, diciendo: "Os conjuro por Jesús, a quien Pablo predica".

14Hacían esto los siete hijos de Esceva, sumo sacerdote judío.

15Pero el espíritu maligno les respondió: "Conozco a Jesús y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?".

16El hombre poseído del espíritu maligno saltó sobre ellos, se apoderó de los dos y los maltrató, de modo que escaparon de aquella casa desnudos y heridos.

17Esto se divulgó entre todos los habitantes de Éfeso, judíos y griegos; un gran temor se apoderó de todos ellos y se ensalzaba el nombre de Jesús, el Señor.

18Muchos creyentes venían a confesar y a manifestar sus prácticas de magia.

19Y bastantes de los que habían practicado artes mágicas llevaron sus libros y los quemaron en presencia de todos; su valor fue calculado en cincuenta mil monedas de plata.

20Así crecía poderosamente y se consolidaba la palabra del Señor.

21Después de esos sucesos, Pablo se propuso atravesar Macedonia y Acaya e ir a Jerusalén. Se decía: "Debo visitar también Roma".

22Mandó a Macedonia a dos de sus colaboradores, Timoteo y Erasto, y él se detuvo algún tiempo en Asia.

23Por entonces se produjo un gran motín a propósito del nuevo camino del Señor.

24Un platero llamado Demetrio, que hacía en plata templos de Diana, proporcionaba a los artífices grandes ganancias;

25reunió a todos los que tenían el mismo oficio y les dijo: "Amigos, sabéis que nuestro bienestar depende de esta industria;

26veis y oís que no sólo en Éfeso, sino en casi toda Asia, ese Pablo ha apartado y persuadido a mucha gente, diciendo que no son dioses los que han sido hechos con las manos de los hombres.

27No sólo hay peligro de que nuestra industria se desacredite, sino también de que sea tenido en nada el templo de la gran Diana y de que sea despojada de la majestad aquella a quien venera toda Asia y el orbe entero".

28Al oír esto se llenaron de ira, y se pusieron a gritar: "Grande es la Diana de los efesios".

29El desorden cundió por toda la ciudad y se lanzaron a una hacia el teatro, arrastrando consigo a Gayo y a Aristarco, macedonios, compañeros de Pablo.

30Pablo quería presentarse ante el pueblo, pero los discípulos no lo dejaron.

31Algunas autoridades de Asia, amigos suyos, le mandaron también recado, rogándole que no se presentase en el teatro.

32Cada uno gritaba una cosa, de modo que la asamblea estaba alborotada y la mayor parte no sabía por qué se habían reunido.

33Algunos judíos empujaron a Alejandro para que hablara a la gente, y Alejandro hizo señal con la mano de que quería hablar al pueblo.

34Pero cuando se dieron cuenta de que era judío, todos a una gritaron por espacio de casi dos horas: "¡Grande es la Diana de los efesios!".

35El letrado logró calmar a la multitud y dijo: "Efesios, ¿quién puede ignorar que la ciudad de los efesios es la guardiana de la gran Diana y de su estatua caída del cielo?

36Siendo todo esto incontestable, conviene que os mantengáis serenos y no hagáis nada con precipitación.

37Porque habéis traído a estos hombres, que no son ni sacrílegos ni blasfemadores de vuestra Diana.

38Si Demetrio y los artífices que están con él tienen algo contra alguno, para eso hay tribunales y procónsules: que apelen las dos partes a los tribunales.

39Y si solicitáis algo más, será resuelto en la asamblea legal.

40Porque corremos peligro de ser acusados de rebelión por todo lo que ha sucedido hoy, no habiendo ningún motivo que pueda justificar este alboroto". Dicho esto, se disolvió la asamblea.

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