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Hechos 10

Santa Biblia Martín Nieto

1Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la cohorte Itálica.

2Piadoso y temeroso de Dios, con toda su casa, hacía muchas limosnas al pueblo y oraba continuamente a Dios.

3Hacia las tres de la tarde tuvo una visión, en la que vio claramente al ángel de Dios, que se le presentó y le dijo: "¡Cornelio!".

4Y él, mirándolo fijamente y atemorizado, dijo: "¿Qué pasa, Señor?". Y le dijo: "Tus oraciones y tus limosnas han subido a la presencia de Dios, que se ha acordado de ti.

5Manda a unos hombres a Jafa a llamar a Simón Pedro.

6Está en casa de un tal Simón, curtidor, junto al mar".

7Cuando se marchó el ángel que le hablaba, llamó a dos de sus criados y un soldado piadoso, de los que le asistían,

8les explicó todo y los mandó a Jafa.

9Al día siguiente, mientras ellos caminaban y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea a orar hacia el mediodía.

10Tuvo hambre y quiso comer algo; y mientras le preparaban de comer, tuvo un éxtasis:

11vio el cielo abierto y un objeto a modo de un gran lienzo, que colgado de las cuatro puntas descendía hacia la tierra;

12en él había toda clase de cuadrúpedos, reptiles de la tierra y aves del cielo.

13Una voz le dijo: "Levántate, Pedro, mata y come".

14Pedro dijo: "De ningún modo, Señor, porque jamás he comido cosa profana o impura".

15La voz le dijo de nuevo: "Lo que Dios ha purificado no lo llames impuro".

16Esto se repitió por tres veces. Y luego el objeto fue arrebatado al cielo.

17Pedro estaba perplejo, pensando lo que podría significar la visión que acababa de tener, cuando los hombres enviados por Cornelio, que habían averiguado dónde estaba la casa de Simón, se presentaron en la puerta.

18Llamaron, y preguntaron si se alojaba allí Simón Pedro.

19Pedro seguía pensando en la visión; el Espíritu Santo le dijo: "Ahí te buscan tres hombres;

20baja y no dudes en ir con ellos, porque los he enviado yo".

21Pedro bajó y les dijo: "Yo soy el que buscáis. ¿Por qué habéis venido?".

22Ellos dijeron: "El centurión Cornelio, varón justo y temeroso de Dios, que goza de la reputación de todos los judíos, ha recibido aviso de un santo ángel para que te mande llamar y vayas a su casa y oír lo que tengas que decirle".

23Pedro los invitó y los hospedó. Al día siguiente se levantó y fue con ellos; y lo acompañaron algunos hermanos de Jafa.

24Al día siguiente llegaron a Cesarea. Cornelio estaba esperándolos, y había convocado a sus parientes y amigos íntimos.

25Tan pronto como entró Pedro, Cornelio le salió al encuentro, cayó a sus pies y le adoró.

26Pedro lo levantó diciendo: "Levántate, que yo también soy hombre".

27Y conversando con él, entró y encontró a muchos reunidos;

28y les dijo: "Vosotros sabéis que a un judío le está prohibido juntarse con extranjeros y entrar en su casa. Pero Dios me ha enseñado a no llamar profano o impuro a ningún hombre;

29por lo cual he venido sin vacilar al ser llamado. Yo os pregunto ahora por qué motivo me habéis llamado".

30Cornelio respondió: "Hace cuatro días, justamente a esta misma hora, las tres de la tarde, estaba yo orando en mi casa, cuando se presentó delante de mí un hombre con un vestido resplandeciente,

31y me dijo: Cornelio, Dios ha escuchado tu oración y tiene presente tus limosnas.

32Envía a Jafa a llamar a Simón Pedro, que se hospeda en casa de Simón, curtidor, junto al mar.

33Te mandé a buscar en seguida; y has hecho bien en venir. Y ahora aquí estamos todos delante de Dios para escuchar todos los preceptos que el Señor te ha dado".

34Pedro tomó la palabra y dijo: "Compruebo que Dios no hace distinción de personas,

35que acepta al que le es fiel y practica la justicia, sea de la nación que sea.

36Él ha enviado su palabra a los israelitas anunciando la paz por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos.

37Vosotros conocéis lo que ha pasado en Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan:

38cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y llenó de poder a Jesús de Nazaret, el cual pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el demonio, porque Dios estaba con él.

39Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en el país de los judíos y en Jerusalén. Ellos lo mataron, colgándolo de un madero.

40Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió que se manifestase

41no a todo el pueblo, sino a los testigos elegidos de antemano por Dios, a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos;

42y nos encargó predicar al pueblo y proclamar que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos.

43Todos los profetas testifican que el que crea en él recibirá, por su nombre, el perdón de los pecados".

44Todavía estaba hablando Pedro, cuando descendió el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban sus palabras.

45Todos los fieles circuncisos que habían venido con Pedro se extrañaban de que el don del Espíritu Santo se hubiera derramado también sobre los paganos,

46pues los oían hablar lenguas extrañas y glorificar a Dios.

47Pedro dijo entonces: "¿Se puede negar el agua del bautismo a éstos, que han recibido el Espíritu Santo como nosotros?".

48Y ordenó que fuesen bautizados en el nombre de Jesucristo. Entonces le suplicaron que se quedara con ellos algunos días.

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