Filipenses 4
Santa Biblia Martín Nieto ›1Por tanto, hermanos míos queridísimos, mi alegría y mi corona, manteneos firmes en el Señor, queridos míos.
2Ruego a Evodia y Síntique que tengan unos mismos sentimientos en el Señor.
3Y a ti, leal compañero, te ruego que prestes tu ayuda a éstas, que han trabajado mucho en el evangelio conmigo y con Clemente y demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida.
4Alegraos en el Señor siempre; lo repito: alegraos.
5Que vuestra bondad sea notoria a todos los hombres. El Señor está cerca.
6No os inquietéis por cosa alguna, sino más bien en toda oración y plegaria presentad al Señor vuestras necesidades con acción de gracias.
7Y la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
8Por lo demás, hermanos, considerad lo que hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de buena fama, de virtuoso, de laudable;
9practicad lo que habéis aprendido y recibido, lo que habéis oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con vosotros.
10He sentido una gran alegría en el Señor porque habéis reavivado vuestros sentimientos por mí; vosotros los sentíais, pero no habíais tenido ocasión de manifestarlos.
11No digo esto inducido por mi indigencia, pues he aprendido a contentarme con mi suerte.
12Sé carecer de lo necesario y vivir en la abundancia; estoy enseñado a todas y cada una de estas cosas, a sentirme harto y a tener hambre, a nadar en la abundancia y a experimentar estrecheces.
13Todo lo puedo en aquel que me conforta.
14Habéis hecho bien, sin embargo, en haceros cargo de mi tribulación.
15Sabéis muy bien vosotros, filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia tuvo conmigo cuenta de "haber" y "debe", a no ser vosotros solos;
16pues ya en Tesalónica me enviasteis una y otra vez con qué atender a mi necesidad.
17No es que busque que me deis algo; lo que busco es que se acreciente el fruto que redunda en favor vuestro.
18Tengo lo que podía necesitar, y más todavía; tengo de sobra después de haber recibido de Epafrodito vuestros socorros, ofrenda de suave olor, sacrificio grato, agradable a Dios.
19Mi Dios, a su vez, proveerá colmadamente a vuestra indigencia, según sus riquezas, en Cristo Jesús.
20A Dios, Padre nuestro, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
21Saludad a todos los que creen en Cristo Jesús. Os saludan los hermanos que están conmigo.
22Os saludan todos los que pertenecen al pueblo de Dios, en especial los de la casa del César.
23La gracia de Jesucristo, el Señor, esté con vosotros.