Eclesiástico (Sirácide) 51
Santa Biblia Martín Nieto ›1Te doy gracias, Señor, rey mío, y te alabaré, Dios, mi salvador. Daré gracias a tu nombre,
2porque tú fuiste mi protector y mi apoyo, libraste mi cuerpo de la destrucción y del lazo de la lengua malvada, de labios que maquinan la falsedad, has sido mi apoyo delante de los que me rodeaban y me libraste,
3según la multitud de tu misericordia y la grandeza de tu nombre, del rechinar de dientes prestos a devorar, de la mano de los que acechaban mi vida, de las muchas tribulaciones que padecí;
4de la asfixia de las llamas que me rodeaban, de en medio del fuego que yo no había encendido;
5del seno profundo del sepulcro, de la lengua impura, de palabra mentirosa,
6calumnia de una lengua injusta contra el rey. Mi alma ha estado al borde de la muerte, mi vida había descendido casi al sepulcro.
7Me rodeaban por todas partes, pero ni uno había para ayudarme. Mis ojos buscaban un socorro humano, y no lo había.
8Entonces me acordé, Señor, de tu misericordia y de tus obras desde la eternidad; de que salvas a los que en ti esperan y los libras de las manos de sus enemigos;
9elevé mi plegaria desde la tierra y supliqué que me librases de la muerte.
10Y grité: "Señor, mi padre eres tú; mi Dios, que no me dejará en el día de la tribulación, en el tiempo del desamparo, frente a los orgullosos. Alabaré tu nombre continuamente y entonaré himnos de acción de gracias".
11Mi oración fue escuchada, porque me salvaste de la destrucción y me libraste en el momento del peligro.
12Por esto te daré gracias y te alabaré y bendeciré el nombre del Señor
13En mi juventud, antes de darme a viajar, busqué la sabiduría sinceramente en mi plegaria.
14En el templo la supliqué, y hasta en mi último día la buscaré.
15En su flor, como un racimo que madura, se alegró mi corazón en ella. Mi pie caminó por senda de rectitud, desde mi juventud seguí sus huellas.
16Incliné a ella mi oído y la recibí, y encontré mucha instrucción.
17Gracias a ella hice muchos progresos; daré gracias al que me ha dado la sabiduría.
18Porque me he propuesto practicarla, he buscado celosamente el bien y jamás me arrepentiré de ello.
19Mi alma ha combatido por ella, y me he esforzado en practicar la ley. Extendí mis manos hacia el cielo, y lamenté mi ignorancia sobre ella.
20Dirigí hacia ella mi alma, y en la pureza la encontré. Apliqué a ella mi corazón desde el principio; por esto jamás seré abandonado.
21Mis entrañas se conmovían buscándola; por eso hice una buena adquisición.
22El Señor me dio por recompensa una lengua, con la que le daré gracias.
23Acercaos a mí los que carecéis de instrucción y frecuentad mi escuela.
24¿Hasta cuándo vais a carecer de estas cosas y vuestras almas han de padecer ardiente sed de ella?
25Abrí mi boca para hablar; compradla sin dinero.
26Inclinad vuestro cuello a su yugo, y vuestra alma reciba instrucción. Cerca está para encontrarla.
27Ved con vuestros propios ojos qué poco he trabajado yo y cómo encontré en ella gran reposo.
28Participad en la instrucción con un alto precio y adquiriréis por ella mucho oro.
29Que vuestra alma se regocije en la misericordia del Señor, y no os avergoncéis de alabarle.
30Haced vuestra tarea antes del tiempo fijado, y en su día él os dará la recompensa.