Eclesiastés 5
Santa Biblia Martín Nieto ›1No seas precipitado en tu boca, y tu corazón no se apresure a proferir una palabra delante de Dios, porque Dios está en los cielos y tú estás en la tierra; por eso sean pocas tus palabras.
2Porque de la multitud de las preocupaciones nacen los sueños, y por el exceso de palabras se dicen disparates.
3Cuando haces una promesa a Dios, no tardes en cumplirla, porque no le agradan los necios. La promesa que has hecho, cúmplela.
4Mejor es no hacer promesas que hacerlas y después no cumplirlas.
5No permitas que tu boca te haga culpable, y no digas delante de Dios que fue una inadvertencia. ¿Por qué hacer que Dios se irrite a causa de tu palabra y destruya las obras de tus manos?
6Porque de la multitud de las preocupaciones nacen los sueños, y de la multitud de las palabras las vanidades. Así que teme a Dios.
7Si ves en la región al pobre oprimido, el derecho y la justicia violados, no te sorprendas por eso; es que sobre una autoridad hay vigilando otra autoridad, y sobre ésta hay aún otras autoridades.
8El interés del país está antes que todo; y el rey debe estar al servicio del campo.
9El que ama el dinero nunca se harta de él; y el que ama las riquezas no obtiene provecho. También esto es vanidad.
10Cuando los bienes aumentan, aumentan los parásitos; y ¿qué ventaja saca el propietario? Verlos con sus ojos.
11El sueño del trabajador es dulce, haya comido poco o mucho; pero al rico la riqueza no le deja dormir.
12Hay un mal doloroso, que he visto bajo el sol: riquezas guardadas por su dueño para su desgracia.
13Estas riquezas desaparecen en una mala circunstancia; le nace un hijo, y ya no tiene nada en su mano.
14Como salió del seno de su madre, desnudo, así se volverá, yéndose como vino; de su trabajo no se puede llevar nada consigo.
15También esto es un mal doloroso, que se vaya como ha venido; ¿qué provecho le queda de haber trabajado para el viento?
16Además, pasó todos sus días en la oscuridad, afligido, deprimido e irritado.
17He comprobado que lo mejor y más conveniente para el hombre es comer y beber y gozar del bienestar en todo el trabajo en que se afana bajo el sol durante los días de su vida que Dios le ha dado, porque ésta es su parte.
18Igualmente, cuando Dios da a un hombre riquezas y hacienda y le permite disfrutar de ellas, tomarse su parte y gozar de su trabajo, eso es un don de Dios.
19Entonces no tiene que pensar mucho en los días de su vida, mientras Dios llene de alegría su corazón.