Deuteronomio 32
Santa Biblia Martín Nieto ›1"Escuchad, cielos, que voy a hablar. Oye, tierra, las palabras de mi boca.
2Descienda como la lluvia mi enseñanza, / caiga como el rocío mi cantar, / como llovizna sobre el césped, / como chubasco sobre el verde.
3Voy a invocar el nombre del Señor; / dad gloria a nuestro Dios.
4Él es la roca, sus obras son perfectas, / todos sus caminos son la justicia misma; / el Dios fiel, en él no hay maldad; es justo y recto.
5Le han traicionado los hijos degenerados, / generación malvada y pervertida.
6¿Así pagáis al Señor, / pueblo insensato y necio? / ¿No es él tu padre y tu creador? / ¿No es él el que te hizo y te constituyó?
7Recuerda los tiempos pasados, / considera los años de edad en edad. / Pregunta a tu padre, que te lo cuente; / a tus ancianos, que te lo digan.
8Cuando el altísimo distribuyó / su herencia entre los pueblos, / cuando dividió a los hombres, / estableció las fronteras de los pueblos / según el número de los hijos de Israel.
9La porción del Señor fue su pueblo; / Jacob, la parte de su herencia.
10Encontró a su pueblo en el desierto, / en la soledad rugiente de la desolación. / Lo abrazó y se cuidó de él; / lo guardó como la niña de sus ojos.
11Como el águila, que incita a su nidada / revoloteando sobre sus polluelos, / así desplegó él sus alas y los tomó, / los llevó sobre sus plumas.
12El Señor solo lo guiaba, / no había con él dios extranjero.
13Le hizo cabalgar sobre las alturas de la tierra, / lo alimentó con los productos de los campos, / le dio a gustar miel de las peñas, / aceite de la dura roca.
14Cuajada de vacas y leche de ovejas / con grasa de corderos y carneros, / toros de Basán y machos cabríos, / flor de harina de trigo en abundancia; / bebiste el vino, la sangre de las uvas.
15Engordó Jesurún y tiró coces -estabas gordo y corpulento-; / volvió las espaldas a Dios, / su creador, / y despreció la roca de su salvación.
16Lo provocaron con dioses extranjeros, / lo irritaron con acciones horribles.
17Sacrificaron a demonios y no a Dios, / a dioses desconocidos para ellos; / dioses nuevos, recién llegados, / jamás venerados por sus padres.
18Te olvidaste de la roca / que te engendró, / ya no te acuerdas del Dios que te dio a luz.
19Lo vio el Señor y se irritó, / disgustado por sus hijos y sus hijas,
20y dijo: Voy a volverles las espaldas y veremos qué pasa en adelante, / pues es una generación pervertida, / hijos desleales.
21Me dan celos con un dios que no es dios, / me irritan con dioses ilusorios; / pues yo les daré celos con un pueblo que no es pueblo / y los irritaré con una nación fatua.
22Se ha encendido el fuego de mi ira / y quemará hasta lo profundo del abismo; / devorará la tierra y sus productos / y abrasará los cimientos de los montes.
23Amontonaré calamidades sobre ellos, / agotaré contra ellos mis saetas.
24Quedarán extenuados por el hambre, / consumidos por la fiebre y por la peste. / Enviaré contra ellos fieras salvajes y serpientes venenosas.
25Fuera herirá la espada; / dentro, el espanto. / Morirán el muchacho y la muchacha, / el niño de pecho y el anciano encanecido.
26Yo hubiera querido reducirlos a polvo, / borrar de entre los hombres su memoria;
27pero pensé en la arrogancia / de los enemigos, / en la falsa interpretación / que ellos harían: / Ha sido nuestra mano poderosa, / y no el Señor, / la que hizo todo esto.
28Es una nación que ha perdido la cabeza / y no tiene entendimiento.
29Si fueran sabios lo comprenderían / y sabrían intuir lo que les espera.
30¿Cómo puede uno solo perseguir a mil / y dos poner en fuga a diez mil, / sino porque su roca los ha vendido / y el Señor los ha entregado?
31Pero su roca no es como nuestra roca, / lo saben bien nuestros mismos enemigos;
32su cepa viene de la viña de Sodoma, / sus sarmientos de los campos de Gomorra, / sus uvas son uvas venenosas, / y amargos sus racimos.
33Su vino es vino de serpiente, / veneno mortal de víbora.
34Todo esto lo tengo yo conmigo / como una joya encerrada en mis tesoros
35para el día de la venganza y el desquite, / para el tiempo en que sus pies tropezarán. / Está cerca el día de su ruina, / se precipita su destino.
36El Señor saldrá en defensa de su pueblo, / tendrá misericordia de sus siervos, / cuando vea que se agotan sus fuerzas / y que no queda entre ellos ni esclavo ni libre.
37Entonces les dirá: / ¿Dónde están sus dioses, / la roca en que buscaban su refugio,
38ante los que comían / la grasa de sus víctimas / y bebían el vino de sus ofrendas? ¡Que se levanten y os socorran, / que sean para vosotros un refugio!
39Ved ahora que soy yo, / que soy el único, / y que no hay Dios alguno más que yo. / Soy yo el dueño de la muerte y de la vida. / Yo hiero y yo curo. No hay nadie que se libre de mi mano.
40Yo alzo al cielo mi mano y juro: / tan verdad como que vivo eternamente,
41cuando afile mi espada fulgurante / y empiece a hacer justicia, / tomaré venganza de mis enemigos / y daré su merecido a los que me odian.
42Emborracharé de sangre mis flechas / y mi espada se hartará de carne; / sangre de heridos y cautivos, / cabezas de jefes enemigos.
43¡Alegraos, naciones, con el pueblo de Dios! / Porque va a vengar la sangre de sus siervos, / a dar su merecido a los adversarios / y a perdonar a su tierra y a su pueblo".
44Moisés, acompañado de Josué, hijo de Nun pronunció este cántico desde el principio hasta el fin.
45Después dijo a los israelitas:
46"Grabad en vuestro corazón todas las palabras que hoy pongo como testigo contra vosotros y enseñádselas a vuestros hijos para que pongan en práctica todas las disposiciones de esta ley.
47No es cosa sin importancia para vosotros, puesto que la ley es vuestra vida, y por ella prolongaréis vuestros días sobre la tierra que vais a poseer una vez cruzado el Jordán".
48Aquel mismo día el Señor dijo a Moisés:
49"Sube al monte Nebo, sobre la cima de la cadena de montañas de Abarín, en tierra de Moab, enfrente de Jericó, y contempla la tierra de Canaán, que voy a dar en propiedad a los israelitas.
50Una vez que subas a la montaña, morirás e irás a reunirte con tus padres, como Aarón, tu hermano, murió en Hor de la Montaña y fue a reunirse con los suyos.
51Por haberme sido infiel en medio de los israelitas en las aguas de Meribá, en Cades, en el desierto de Sin; por no haber reconocido mi santidad en medio de los israelitas,
52por eso verás solamente de lejos la tierra, pero no entrarás en ella, en esa tierra que yo doy a los israelitas".