Daniel 13
Santa Biblia Martín Nieto ›1Había en Babilonia un hombre llamado Joaquín.
2Se casó con una mujer, llamada Susana, hija de Jelcías, muy bella y temerosa de Dios.
3Sus padres eran justos, y habían educado a su hija conforme a la ley de Moisés.
4Joaquín era muy rico, y tenía un jardín contiguo a su casa; los judíos solían ir a su casa, porque gozaba de gran estima entre todos.
5Aquel año fueron escogidos entre el pueblo y designados jueces dos ancianos de esos a quienes se refiere el Señor cuando dice: "En Babilonia ha surgido la iniquidad de parte de los ancianos y de los jueces que se hacían guías del pueblo".
6Éstos venían a menudo a casa de Joaquín, y a ellos se dirigían todos aquellos que tenían algún litigio que resolver.
7Cuando al mediodía toda la gente se marchaba, Susana solía salir a pasearse por el huerto de su marido.
8Los dos ancianos la veían todos los días cuando salía a pasear, y empezaron a desearla;
9pervirtieron su mente y desviaron sus ojos, que ya no miraban al cielo ni se acordaban de sus justos juicios.
10Los dos ardían de pasión por ella, pero sin manifestarse mutuamente su tormento,
11porque tenían vergüenza de descubrir su deseo de tener relaciones con ella;
12y se afanaban por verla todos los días.
13Un día se dijeron el uno al otro: "Vamos a casa, que es hora de comer". Al salir, se separaron.
14Pero se dieron la vuelta y volvieron a encontrarse en el mismo sitio; se preguntaron el uno al otro el motivo, y se confesaron finalmente su pasión. Entonces, de común acuerdo, convinieron en buscar una ocasión en que pudieran sorprenderla sola.
15Una vez, mientras ellos seguían acechando la ocasión oportuna, salió ella, como de ordinario, con dos doncellas, y quiso bañarse en el jardín porque hacía mucho calor.
16No había allí nadie, excepto los dos ancianos, que estaban escondidos acechándola.
17Dijo a las doncellas: "Traedme aceite y jabón, y cerrad después las puertas del jardín, pues voy a bañarme".
18Ellas hicieron lo que Susana había ordenado; cerraron las puertas del jardín y entraron en casa por una puerta lateral para traer lo que les había mandado. No sabían que los dos ancianos estaban allí escondidos.
19En cuanto salieron las doncellas, los dos viejos se levantaron, fueron corriendo donde ella
20y le dijeron: "Mira, las puertas del jardín están cerradas y nadie nos ve. Nosotros te estamos deseando; consiente y acuéstate con nosotros;
21si no lo haces, testificaremos contra ti que estaba contigo un joven y que por eso mandaste fuera a las doncellas".
22Entonces Susana gimiendo exclamó: "¡Ay, estoy en un gran aprieto! Si consiento, me espera la muerte; si no consiento, no escaparé de vuestras manos.
23Pero prefiero caer en vuestras manos que consentir en aquello que es pecado ante el Señor".
24Y Susana gritó fuertemente; pero también gritaron los dos viejos contra ella.
25Y uno de ellos corrió a abrir las puertas del jardín.
26A aquellos gritos los criados salieron rápidamente al jardín por la puerta lateral para ver qué había sucedido.
27Y cuando los dos viejos lo explicaron a su manera, los criados se sonrojaron mucho, porque jamás se había dicho de Susana una cosa semejante.
28Al día siguiente, cuando el pueblo se reunió en casa de su marido Joaquín, vinieron también los dos viejos malvados, decididos a hacerla condenar a muerte.
29Y dijeron ante el pueblo: "Mandad llamar a Susana, hija de Jelcías, la mujer de Joaquín".
30Ella vino acompañada de sus padres, de sus hijos y de todos sus parientes.
31Susana era encantadora y bellísima.
32Aquellos malvados le ordenaron que se quitase el velo -pues estaba velada- para poderse al menos saciar de su belleza,
33mientras lloraban los suyos y todos los que la veían.
34Los dos viejos, en pie en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana.
35Ella, llorando, levantó los ojos al cielo, porque su corazón tenía puesta su confianza en el Señor.
36Los viejos empezaron a decir: "Estando nosotros dos solos paseándonos por el jardín, entró ésta con dos doncellas, cerró la puerta del jardín y despachó a las doncellas.
37Entonces se acercó a ella un joven que estaba escondido en el jardín y se acostó con ella.
38Nosotros, que estábamos en un rincón del jardín, al ver la iniquidad, corrimos hacia ellos;
39los sorprendimos juntos, pero no nos fue posible atraparlo a él porque tenía más fuerza que nosotros y abrió la puerta y se escapó.
40Entonces apresamos a ésta y le preguntamos quién era el joven,
41pero no quiso decírnoslo. De todo esto nosotros somos testigos". La asamblea los creyó, como ancianos y jueces del pueblo que eran. Y la condenaron a muerte.
42Susana exclamó fuertemente: "Oh Dios eterno, que ves las cosas secretas y conoces todo antes que suceda.
43Tú sabes que éstos han dado testimonio falso contra mí; mira que voy a morir sin haber hecho nada de lo que la maldad de éstos ha tramado contra mí".
44Y el Señor escuchó su voz.
45Cuando la llevaban para matarla, Dios suscitó el santo espíritu de un muchacho llamado Daniel,
46el cual se puso a gritar:
47"¡Yo soy inocente de la sangre de esa mujer!". Todos los presentes se volvieron hacia él y le preguntaron: "¿Qué quieres decir con estas palabras?".
48Él, plantado en medio de todos, dijo: "Israelitas, estáis locos. ¡Habéis condenado a una hija de Israel sin juzgarla y sin aclarar los hechos!
49¡Volved al lugar del juicio, porque el testimonio que éstos han dado contra ella es falso!".
50Entonces todo el pueblo volvió en seguida atrás. Los ancianos dijeron a Daniel: "Siéntate aquí en medio de nosotros y decláranos lo que piensas, ya que Dios te ha dado la madurez de la ancianidad".
51Daniel dijo: "Separadlos lejos el uno del otro, y yo los examinaré".
52Una vez separados, tomó a uno y le dijo: "Oh, envejecido en el mal, ahora has colmado la medida de los delitos cometidos en el pasado,
53cuando dictabas sentencias injustas, condenabas a los inocentes y absolvías a los culpables, siendo así que el Señor ha dicho: No matarás al inocente y justo.
54Así pues, si es que viste realmente a ésta di: ¿Bajo qué árbol los viste juntos?". Respondió: "Debajo de una acacia".
55Daniel replicó: "Tu mentira recae sobre tu cabeza; un ángel de Dios ha recibido ya de él la orden de partirte por medio".
56Retiró a éste, mandó traer al otro y le dijo: "Raza de Canaán, que no de Judá, la hermosura te ha seducido y la pasión ha trastornado tu corazón.
57Así hacíais vosotros con las hijas de Israel, y ellas accedían por miedo a vuestros deseos; pero una hija de Judá no ha soportado vuestra iniquidad.
58Di: ¿Bajo qué árbol los sorprendiste juntos?". Él respondió: "Debajo de una encina".
59Daniel le dijo: "Tu mentira recae también sobre tu cabeza; ya está el ángel del Señor esperando, espada en mano, para partirte por medio y exterminaros".
60Todos los presentes clamaron entonces a grandes voces y bendijeron al Señor, que salva a todos los que esperan en él.
61Se levantaron contra los dos viejos, a quienes, por su propia boca, había convencido Daniel de falso testimonio, e hicieron con ellos lo mismo que ellos habían maquinado pérfidamente contra el prójimo.
62Los condenaron a muerte, como prescribe la ley de Moisés, y así aquel día se salvó la sangre inocente.
63Jelcías y su mujer dieron gracias a Dios por su hija Susana, así como Joaquín, su marido, y todos sus parientes, porque nada malo se había encontrado en ella.
64Y Daniel gozó de gran estima ante el pueblo desde aquel día en adelante.