1 Corintios 15
Santa Biblia Martín Nieto ›1Hermanos, os recuerdo el evangelio que os anuncié, el que aceptasteis, en el que permanecéis firmes,
2y por el que os salvaréis, si lo retenéis tal y como os lo anuncié, pues de lo contrario habríais creído en vano.
3Os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras;
4que fue sepultado y resucitó al tercer día, según las Escrituras,
5y que se apareció a Pedro y luego a los doce.
6Se apareció también a más de quinientos hermanos de una vez, de los que la mayoría viven todavía; otros murieron.
7Luego se apareció a Santiago, después a todos los apóstoles;
8y después de todos, como a uno que nace antes de tiempo, también se me apareció a mí.
9Porque yo soy el menor de los apóstoles, indigno de ser llamado apóstol, por haber perseguido a la Iglesia de Dios.
10Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia de Dios no ha sido estéril en mí; pues he trabajado más que los demás; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.
11Pues bien, tanto ellos como yo, esto es lo que predicamos y lo que habéis creído.
12Ahora bien, si se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos, ¿cómo algunos de vosotros dicen que no hay resurrección de los muertos?
13Porque si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo ha resucitado.
14Y si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana nuestra fe.
15Incluso seríamos falsos testigos de Dios, pues contra Dios testificamos que ha resucitado a Cristo, mientras que no lo ha resucitado si los muertos no resucitan.
16Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado.
17Y si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe: todavía estáis en vuestros pecados;
18y, por tanto, los cristianos que han muerto están perdidos.
19Si lo que esperamos de Cristo es sólo para esta vida, somos los hombres más desgraciados.
20Pero Cristo ha resucitado de entre los muertos como primicias de los que mueren.
21Porque como por un hombre vino la muerte, así, por un hombre, la resurrección de los muertos.
22Y como todos mueren en Adán, así también todos revivirán en Cristo.
23Pero cada uno por su turno: el primero, Cristo; luego, cuando Cristo vuelva, los que son de Cristo.
24Entonces vendrá el fin, cuando él destruya todo señorío, todo poder y toda fuerza y entregue el reino a Dios Padre.
25Pues es necesario que él reine hasta poner a todos sus enemigos bajo sus pies.
26El último enemigo en ser destruido será la muerte;
27porque todo lo puso bajo sus pies. Pero cuando dice que todo le está sometido, está claro que exceptúa a Dios, que fue quien le sometió todas las cosas.
28Cuando todo le esté sometido, entonces también el Hijo se someterá al Padre, que le sometió todo a él para que Dios sea todo en todas las cosas.
29Si no fuera así, ¿a qué bautizarse por los muertos? Si realmente los muertos no resucitan, ¿a qué bautizarse por ellos?
30¿Y por qué exponernos nosotros al peligro a cada instante?
31Hermanos, os aseguro que todos los días estoy al borde de la muerte, y que vosotros sois mi gloria en Cristo Jesús, Señor nuestro.
32Si luché con las fieras en Éfeso con miras humanas, ¿de qué me sirvió? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que mañana moriremos.
33No os dejéis engañar: "Las malas compañías corrompen las buenas costumbres".
34Entrad en razón y no pequéis, pues algunos tienen gran ignorancia de Dios. Os lo digo para vergüenza vuestra.
35Alguno preguntará: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo?
36¡Necio! Lo que tú siembras no germina si no muere.
37Y lo que siembras no es la planta que ha de nacer, sino un sencillo grano; de trigo, por ejemplo, o de alguna otra semilla.
38Y Dios le da el cuerpo que quiere, y un cuerpo propio a cada semilla.
39No todos los cuerpos son iguales; uno es el cuerpo de los hombres, otro el de los ganados, otro el de las aves y otro el de los peces.
40Hay cuerpos celestes y cuerpos terrestres, pero uno es el resplandor de los cuerpos celestes y otro el de los terrestres.
41Uno es el resplandor del sol, otro el de la luna y otro el de las estrellas. Incluso cada estrella tiene un resplandor diferente.
42Eso mismo pasa con la resurrección de los muertos. Se siembra algo corruptible, y resucita incorruptible.
43Se siembra una cosa despreciable, y resucita gloriosa; se siembra una cosa débil, y resucita con fuerza.
44Se siembra un cuerpo animal, y resucita un cuerpo espiritual. Si hay cuerpo animal, lo hay también espiritual;
45la Escritura dice: Adán, el primer hombre, fue creado un ser viviente;
46Pero lo primero no es lo espiritual, sino lo animal; después, lo espiritual.
47El primer hombre, sacado de la tierra, es terrestre; el segundo, por el contrario, del cielo.
48Como el terrestre, así son los terrestres; como el celeste, así son los celestes.
49Y así como llevamos la imagen del terrestre, llevaremos también la del celeste.
50Hermanos, os digo que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni lo corruptible heredará lo incorruptible.
51Ahora os voy a declarar un misterio: no todos moriremos, pero todos seremos transformados.
52En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, al son de la última trompeta, pues sonará la trompeta, los muertos resucitarán incorruptos, y nosotros seremos transformados.
53Porque esto corruptible ha de vestirse de incorruptibilidad, y esto mortal de inmortalidad.
54Cuando esto corruptible se vista de incorruptibilidad y esto mortal de inmortalidad, entonces se cumplirá lo que dice la Escritura: La muerte ha sido destruida por la victoria.
55¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde, muerte, tu aguijón venenoso?
56El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado, la ley.
57¡Demos gracias a Dios que nos da esta victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!
58Por esto, queridos hermanos, manteneos firmes, inconmovibles, trabajando más y más en la obra del Señor, sabiendo que el Señor no dejará sin recompensa vuestro trabajo.