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Mateo 15

Biblia Reina Valera (1989) e

1Entonces se acercaron a Jesús unos fariseos y escribas de Jerusalén, diciendo:

2-¿Por qué quebrantan tus discípulos la tradición de los ancianos? Pues no se lavan las manos cuando comen pan.

3El les respondió diciendo: —¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por causa de vuestra tradición?

4Porque Dios dijo: b Honra a tu padre y a tu madre, c y El que maldiga a su padre o a su madre muera irremisiblemente. d

5Pero vosotros decís que cualquiera que diga a su padre o a su madre: "Aquello con que hubieras sido beneficiado e es mi ofrenda a Dios",

6no debe honrar a su padre. f »Así habéis invalidado la palabra de Dios por causa de vuestra tradición.

7¡Hipócritas! Bien profetizó Isaías de vosotros diciendo:

8Este pueblo me honra de labios, pero su corazón está lejos de mí.

9Y en vano me rinden culto, enseñando como doctrina los mandamientos de hombres. g

10Entonces, llamando a sí a la multitud, les dijo: —¡Oíd y entended!

11Lo que entra en la boca no contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, esto contamina al hombre.

12Entonces se acercaron los discípulos h y le dijeron: —¿Sabes que los fariseos se ofendieron al oír esas palabras?

13Pero él respondió y dijo: —Toda planta que no plantó mi Padre celestial será desarraigada.

14Dejadlos. Son ciegos guías de ciegos. Pero si el ciego guía al ciego, ambos caerán en el hoyo.

15Respondió Pedro y le dijo: —Explícanos esta parábola.

16Jesús dijo: —¿También vosotros carecéis de entendimiento?

17¿No entendéis que todo lo que entra en la boca va al estómago y sale a la letrina?

18Pero lo que sale de la boca viene del corazón, y eso contamina al hombre.

19Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las inmoralidades sexuales, los robos, los falsos testimonios y las blasfemias.

20Estas cosas son las que contaminan al hombre, pero el comer sin lavarse las manos no contamina al hombre.

21Cuando Jesús salió de allí, se fue a las regiones de Tiro y de Sidón.

22Entonces una mujer cananea que había salido de aquellas regiones, clamaba diciendo: —¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio.

23Pero él no le respondía palabra. Entonces se acercaron sus discípulos y le rogaron diciendo: —Despídela, pues grita tras nosotros.

24Y respondiendo dijo: —Yo no he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.

25Entonces ella vino y se postró delante de él diciéndole: —¡Señor, socórreme!

26El le respondió diciendo: —No es bueno tomar el pan de los hijos y echarlo a los perritos.

27Y ella dijo: —Sí, Señor. Pero aun los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus dueños.

28Entonces respondió Jesús y le dijo: —¡Oh mujer, grande es tu fe! Sea hecho contigo como quieres. Y su hija fue sana desde aquella hora.

29Cuando Jesús partió de allí, fue junto al mar de Galilea, y subiendo al monte se sentó allí.

30Entonces se acercaron a él grandes multitudes que tenían consigo cojos, ciegos, mancos, mudos y muchos otros enfermos. Los pusieron a los pies de Jesús, y él los sanó;

31de manera que la gente se maravillaba al ver a los mudos hablar, a los mancos sanos, a los cojos andar y a los ciegos ver. Y glorificaban al Dios de Israel.

32Jesús llamó a sus discípulos y dijo: —Tengo compasión de la multitud, porque ya hace tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, no sea que se desmayen en el camino.

33Entonces sus discípulos le dijeron: —¿De dónde conseguiremos nosotros tantos panes en un lugar desierto, como para saciar a una multitud tan grande?

34Jesús les dijo: —¿Cuántos panes tenéis? Ellos dijeron: —Siete, y unos pocos pescaditos.

35Entonces él mandó a la multitud que se recostase sobre la tierra.

36Tomó los siete panes y los pescaditos, y habiendo dado gracias los partió e iba dando a los discípulos, l y los discípulos a las multitudes.

37Todos comieron y se saciaron, y recogieron siete cestas llenas de lo que sobró de los pedazos.

38Los que comían eran cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

39Entonces, una vez despedida la gente, subió en la barca y se fue a las regiones de Magdala.

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