Biblia
Entrar Crear cuenta

Esquema de color

Tamaño de letra

Marcos 6

Biblia Reina Valera (1989) e

1Salió de allí y fue a su tierra, y sus discípulos le siguieron.

2Y cuando llegó el sábado, él comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos quedaban atónitos cuando le oían, y decían: —¿De dónde le vienen a éste estas cosas? ¿Qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¡Cuántas obras poderosas son hechas por sus manos! b

3¿No es éste el carpintero, hijo de María y hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también sus hermanas aquí con nosotros? Y se escandalizaban de él.

4Pero Jesús les decía: —No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, entre sus familiares y en su casa.

5Y no pudo hacer allí ningún hecho poderoso, sino que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos.

6Estaba asombrado a causa de la incredulidad de ellos. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando.

7Entonces llamó a los doce y comenzó a enviarlos de dos en dos. Les daba autoridad sobre los espíritus inmundos.

8Les mandó que no llevasen nada para el camino: ni pan, ni bolsa, ni dinero en el cinto, sino solamente un bastón;

9pero que calzasen sandalias y que no vistiesen dos túnicas.

10Y les decía: "Dondequiera que entréis en una casa, posad en ella hasta que salgáis de aquel lugar.

11Cualquier lugar que no os reciba ni os oiga, d saliendo de allí, sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies, para testimonio contra ellos."

12Entonces ellos salieron y predicaron que la gente se arrepintiese.

13Echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban.

14El rey Herodes oyó de Jesús, porque su nombre había llegado a ser muy conocido. Unos decían: "Juan el Bautista ha resucitado de los muertos, y por esta razón operan estos poderes en él."

15Otros decían: "Es Elías." Mientras otros decían: "Es profeta como uno de los profetas."

16Pero cuando Herodes oyó esto, dijo: "¡Juan, a quien yo decapité, ha resucitado!" f

17Porque Herodes mismo había mandado prender a Juan y lo había encadenado en la cárcel por causa de Herodía, la mujer de su hermano Felipe; porque se había casado con ella.

18Pues Juan le decía a Herodes: "No te es lícito tener la mujer de tu hermano."

19Pero Herodía le acechaba y deseaba matarle, aunque no podía;

20porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía. Y al escucharle quedaba muy perplejo, g pero le oía de buena gana.

21Llegó un día oportuno cuando Herodes, en la fiesta de su cumpleaños, dio una cena para sus altos oficiales, los tribunos y las personas principales de Galilea.

22Entonces la hija de Herodía entró y danzó, y agradó a Herodes y a los que estaban con él a la mesa; y el rey le dijo a la muchacha: —Pídeme lo que quieras, y yo te lo daré.

23Y le juró mucho: h —Todo lo que me pidas te daré, hasta la mitad de mi reino.

24Ella salió y dijo a su madre: —¿Qué pediré? Y ésta dijo: —La cabeza de Juan el Bautista.

25En seguida ella entró con prisa al rey y le pidió diciendo: —Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Juan el Bautista.

26El rey se entristeció mucho, pero a causa del juramento y de los que estaban a la mesa, no quiso rechazarla.

27Inmediatamente el rey envió a uno de la guardia y mandó que fuese traída su cabeza. Este fue, le decapitó en la cárcel

28y llevó su cabeza en un plato; la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre.

29Cuando sus discípulos oyeron esto, fueron y tomaron su cuerpo, y lo pusieron en un sepulcro.

30Los apóstoles se reunieron con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado.

31El les dijo: —Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, y ni siquiera tenían oportunidad para comer.

32Y se fueron solos en la barca a un lugar desierto.

33Pero muchos les vieron ir y les reconocieron. Y corrieron allá a pie de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. j

34Cuando Jesús salió, vio una gran multitud y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor. Entonces comenzó a enseñarles muchas cosas.

35Como la hora era ya muy avanzada, sus discípulos se acercaron a él y le dijeron: —El lugar es desierto, y la hora avanzada.

36Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor y compren para sí algo que comer. k

37El les respondió y dijo: —Dadles vosotros de comer. Le dijeron: —¿Que vayamos y compremos pan por doscientos denarios, l y les demos de comer?

38El les dijo: —¿Cuántos panes tenéis? Id y vedlo. Al enterarse, le dijeron: —Cinco, y dos pescados.

39El les mandó que hiciesen recostar a todos por grupos sobre la hierba verde.

40Se recostaron por grupos, de cien en cien y de cincuenta en cincuenta.

41Y él tomó los cinco panes y los dos pescados, y alzando los ojos al cielo, bendijo y partió los panes. Luego iba dando a sus discípulos para que los pusiesen delante de los hombres, y también repartió los dos pescados entre todos.

42Todos comieron y se saciaron,

43y recogieron doce canastas llenas de los pedazos de pan y de los pescados.

44Y los que comieron los panes eran como cinco mil hombres.

45En seguida obligó a sus discípulos a subir en la barca para ir delante de él a Betsaida, en la otra orilla, mientras él despedía a la multitud.

46Y habiéndose despedido de ellos, se fue al monte a orar.

47Al caer la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra.

48Viendo que ellos se fatigaban remando, porque el viento les era contrario, a eso de la cuarta vigilia n de la noche, él fue a ellos caminando sobre el mar, y quería pasarlos de largo.

49Pero cuando ellos vieron que él caminaba sobre el mar, pensaron que era un fantasma y clamaron a gritos;

50porque todos le vieron y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos y les dijo: "¡Tened ánimo! ¡Yo soy! ¡No temáis!"

51Y subió a ellos en la barca, y se calmó el viento. Ellos estaban sumamente perplejos, o

52pues aún no habían comprendido lo de los panes; más bien, sus corazones estaban endurecidos.

53Y cuando cruzaron a la otra orilla, llegaron a la tierra de Genesaret y amarraron la barca.

54Pero cuando ellos salieron de la barca, en seguida le reconocieron.

55Recorrieron toda aquella región, y comenzaron a traer en camillas a los que estaban enfermos a donde oían que él estaba.

56Dondequiera que entraba, ya sea en aldeas o ciudades o campos, ponían en las plazas a los que estaban enfermos, y le rogaban que sólo pudiesen tocar el borde de su manto. Y todos los que le tocaban quedaban sanos.

WhatsApp