Tobías 10
Biblia del Peregrino (1993) ›1Por su parte, Tobit iba contando, uno por uno, los días del viaje de Tobías, la ida y la vuelta. Pero pasó el tiempo sin que su hijo volviera,
2y pensó: ¡Ha tenido allí algún contratiempo! A lo mejor ha muerto Gabael y no hay nadie que le entregue el dinero.
3Y empezó a preocuparse.
4Su mujer, Ana, decía: Mi hijo ha muerto. Mi hijo ya no vive. Y empezó a llorar y a lamentarse por él:
5¡Ay de mí, hijo! ¡Te dejé marchar, y tú eras la luz de mis ojos!
6Tobit le reñía: Calla, no te preocupes, mujer. Está sano y salvo. Habrá tenido allí mucho que hacer. Su compañero es de confianza, es uno de los nuestros. No te aflijas por él, mujer, llegará enseguida.
7Pero ella repuso: Calla, déjame, no intentes engañarme. Mi hijo ha muerto. Y todos los días salía a mirar el camino por donde había marchado su hijo, porque no creía a nadie. Y cuando se ponía el sol entraba en casa, lamentándose, y se pasaba la noche llorando, sin poder dormir.
8Cuando pasaron los catorce días de fiesta que Ragüel había jurado hacer a su hija por la boda, Tobías fue a decirle: Déjame marchar, porque estoy seguro de que mi padre y mi madre piensan que no volverán a verme. Te ruego, padre, que me dejes marchar a mi casa. Ya te dije en qué situación los dejé.
9Ragüel respondió: Quédate, hijo, quédate conmigo. Yo mandaré un correo a tu padre, Tobit, con noticias tuyas. Pero Tobías insistió: No, no. Por favor, déjame volver a mi casa.
10Entonces Ragüel le entregó enseguida a Sara, y la mitad de sus bienes, criados y criadas, vacas y ovejas, burros y camellos, ropa, dinero y vajilla.
11Los despidió sanos y salvos, diciéndole a Tobías: Salud, hijo. Que tengas buen viaje. El Señor del cielo os guíe, a ti y a tu mujer, Sara. A ver si antes de morirme puedo ver a vuestros hijos.
12Luego dijo a su hija, Sara: Ve a casa de tu suegro. Desde ahora ellos son tus padres, como los que te hemos dado la vida.
13Edna se despidió de Tobías: Hijo y pariente querido, que el Señor te lleve a casa. A ver si antes de morirme puedo ver a vuestros hijos. Delante de Dios te confío a mi hija, Sara. No la disgustes nunca. Anda en paz, hijo. Desde ahora yo soy tu madre y Sara tu hermana. ¡Ojalá viviéramos todos juntos toda la vida! Los besó y los despidió sanos y salvos.
14Así marchó Tobías de casa de Ragüel, sano y salvo, alegre y alabando al Señor de cielo y tierra, Rey del universo, por el éxito del viaje. ¡Ojalá puedas honrarlos mientras vivan! Vete en paz, hija. A ver si mientras vivo no oigo más que buenas noticias tuyas. Los abrazó y los dejó marchar.