Salmos 92
Biblia del Peregrino (1993) ›1Salmo. Canto para el día del sábado.
2Es bueno dar gracias al Señor y tañer en tu honor, Altísimo,
3proclamar por la mañana tu lealtad y tu fidelidad de noche.
4Con arpas de diez cuerdas y laúdes, sobre arpegios de cítaras,
5porque tus acciones, Señor, son mi alegría y mi júbilo las obras de tus manos.
6¡Qué magníficas son tus obras, Señor, qué profundos tus designios!
7El ignorante no los entiende, el necio no los comprende.
8Aunque crezcan como hierba los malvados y florezcan los malhechores,
9serán destruidos para siempre. Tú en cambio, Señor, eres siempre excelso.
10Cierto, Señor, tus enemigos, cierto, tus enemigos perecerán, los malhechores se dispersarán.
11Se alza mi cuerno como de un búfalo, estoy amasado con aceite fresco.
12Mis ojos verán la derrota de mi rival. Cuando se alcen contra mí los perversos, mis oídos escucharán:
13El honrado florecerá como palmera, se elevará como cedro del Líbano,
14plantado en la casa del Señor, florecerá en los atrios de nuestro Dios.
15En la vejez seguirá dando fruto y estará lozano y frondoso,
16proclamando que el Señor es recto, Roca mía, en que no hay maldad.