Salmos 5
Biblia del Peregrino (1993) ›1Al maestro de coro, con flautas. Salmo de David.
2Escucha mis palabras, Señor, percibe mi susurro,
3haz caso de mis gritos de socorro, ¡Dios mío y Rey mío! A ti te suplico, Señor,
4por la mañana oye mi voz; por la mañana te expongo mi causa y quedo aguardando...
5Pues tú no eres un Dios que quiera el mal ni el malvado es tu huésped
6ni se mantendrán los arrogantes ante ti. Detestas a los malhechores,
7destruyes a los mentirosos; a sanguinarios y embusteros los aborrece el Señor.
8Yo en cambio, por tu gran bondad, puedo entrar en tu casa y postrarme hacia tu santuario con reverencia.
9Por tu justicia guíame, Señor, en respuesta a mis detractores; allana ante mí tu camino.
10Que en su boca no hay sinceridad, su mente es una sima, su garganta es un sepulcro abierto y halagan con la lengua.
11Condénalos, oh Dios, que fracasen sus planes: por sus muchos crímenes, expúlsalos, que se rebelan contra ti.
12Que se alegren los que se acogen a ti con júbilo perpetuo, que se regocijen contigo los que aman tu nombre.
13Que tú, Señor, bendices al inocente, lo cubres y lo rodeas con el escudo de tu bondad.