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Salmos 34

Biblia del Peregrino (1993)

1De David. Cuando se fingió loco ante Abimelec, lo echaron y se fue.

2Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca.

3Yo me glorío del Señor: que lo escuchen los humildes y se alegren.

4Engrandeced conmigo al Señor, ensalcemos juntos su nombre.

5Consulté al Señor y me respondió librándome de todas mis ansias.

6Contempladlo y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se sonrojará.

7Este pobre clamó y el Señor le escuchó, lo salvó de todos sus peligros.

8El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles protegiéndolos.

9Gustad y apreciad qué bueno es el Señor: dichoso el varón que se acoge a él.

10Respetad al Señor, sus consagrados, que nada les falta a quienes lo respetan.

11Los ricos empobrecen y pasan hambre, los que buscan al Señor no carecen de bienes.

12Acercaos, hijos, escuchadme: os enseñaré a respetar al Señor.

13¿Hay alguien que ame la vida, que desee años disfrutando bienes?

14Guarda tu lengua del mal, tus labios de la falsedad;

15apártate del mal, obra bien, busca la paz, persíguela.

16El Señor dirige los ojos a los justos, los oídos a sus clamores.

17El Señor se enfrenta con los que obran mal para extirpar de la tierra su memoria.

18Si gritan, el Señor escucha y los libra de todos los peligros.

19El Señor está cerca de los atribulados y salva a los abatidos.

20Por muchos males que sufra el justo, de todos lo libra el Señor;

21él cuida de todos sus huesos, ni uno solo se quebrará.

22La maldad da muerte al malvado; los que odian al justo lo pagarán.

23El Señor rescata la vida de sus siervos: no serán castigados los que se acogen a él.

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