Salmos 32
Biblia del Peregrino (1993) ›1De David. Maskil. ¡Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han enterrado su pecado!
2¡Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito y cuya conciencia no queda turbia!
3Se consumían mis huesos cuando callaba, cuando rugía sin parar;
4porque día y noche tu mano pesaba sobre mí; se me secaba la savia en un bochorno estivo.
5Te declaré mi pecado, no te encubrí mi delito; propuse confesarme de mis delitos al Señor; y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.
6Por eso, que todo fiel te suplique, [...] y la avenida de aguas torrenciales no lo alcanzará.
7Tú eres mi refugio, me libras del peligro, cuando grito ¡socorro!, me rodeas.
8Te instruiré, te señalaré el camino que has de seguir te aconsejaré, fijaré en ti mis ojos: (6.9) cuando llegue la tribulación, no se acercará a ti.
9No seáis como caballos o mulos, irracionales, cuyo brío hay que domar con freno y bocado.
10El malvado sufre muchas penas, al que confía en el Señor su lealtad lo rodea.
11Festejad al Señor, los honrados, alegraos, aclamadlo, los hombres sinceros.