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Salmos 17

Biblia del Peregrino (1993)

1Oración de David. Escucha, Señor, mi causa, atiende a mi clamor, presta oído a mi súplica: que en mis labios no hay engaño.

2Emane de ti la sentencia, miren tus ojos la rectitud.

3Aunque sondees mi corazón y lo inspecciones de noche y lo pruebes a fuego, no me hallarás malicia. Mi boca no ha faltado

4en asuntos humanos; con la instrucción de tus labios he estado vigilante. Aun en senderos abruptos

5son firmes mis pisadas; en tus carriles no vacilan mis pasos.

6Yo te llamo porque me respondes, inclina tu oído y escucha mi palabra.

7Haz prodigios de lealtad, tú que salvas de los levantiscos a quienes se refugian a tu diestra.

8Guárdame como a la niña de los ojos, a la sombra de tus alas escóndeme

9de los malvados que me asaltan, del enemigo mortal que me acorrala.

10Han cerrado sus entrañas, su boca habla con soberbia,

11sus pasos me están cercando, fijan los ojos para derribarme;

12como un león ávido de presa, como cachorro agazapado en su escondrijo.

13Levántate, Señor, hazle frente, doblégalo y con tu espada sácame vivo del malvado.

14Dales muerte, Señor, dales muerte con tu mano: no compartan la suerte de los vivos.A tus protegidos llénales el vientre, que se sacien sus hijos y tengan qué dejar a sus pequeños.

15Y yo, por mi inocencia, veré tu rostro, al despertar me saciaré de tu semblante.

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