Romanos 8
Biblia del Peregrino (1993) ›1En conclusión, no hay condena para los que pertenecen al Mesías Jesús.
2Porque la ley del Espíritu vivificante, por medio del Mesías Jesús, me ha emancipado de la ley del pecado y de la muerte.
3Lo que no podía hacer la ley, por la debilidad de la condición carnal, lo ha hecho Dios enviando a su Hijo, asemejado a nuestra condición pecadora para entendérselas con el pecado; en su carne ha condenado al pecado,
4para que la justa exigencia de la ley la cumpliéramos los que no procedemos por instinto, sino por el Espíritu.
5En efecto, los que viven según el instinto se inspiran en el instinto; los que viven según el Espíritu se inspiran en el Espíritu.
6El instinto tienden a la muerte, el Espíritu tiende a la vida y la paz.
7Porque la tendencia del instinto es hostil a Dios; pues no se somete a la ley de Dios ni puede hacerlo;
8y los que siguen el instinto no pueden agradar a Dios.
9Pero vosotros no seguís el instinto, sino al Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu del Mesías, no le pertenece.
10Pero si el Mesías está en vosotros, aunque el cuerpo muera por el pecado, el espíritu vivirá por la justicia.
11Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de la muerte habita en vosotros, el que resucitó al Mesías de la muerte dará vida a vuestros cuerpos mortales, por el Espíritu suyo que habita en vosotros.
12Así pues, hermanos, no somos deudores del instinto para vivir según él.
13Pues, si vivís según el instinto, vais a morir; pero, si con el Espíritu mortificáis las acciones del cuerpo, viviréis.
14Cuantos se dejan llevar del Espíritu de Dios son hijos de Dios.
15Y no habéis recibido un espíritu de esclavos, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos que nos permite clamar Abba, Padre.
16El Espíritu atestigua a nuestro espíritu que somos hijos de Dios.
17Si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios, coherederos con el Mesías; si compartimos su pasión, compartiremos su gloria.
18Estimo que los sufrimientos del presente no tienen proporción con la gloria que se ha de revelar en nosotros.
19La humanidad aguarda expectante a que se revelen los hijos de Dios.
20La humanidad fue sometida al fracaso, no de grado, sino por imposición de otro; pero con la esperanza
21de que esa humanidad se emanciparía de la esclavitud de la corrupción para obtener la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
22Sabemos que hasta ahora la humanidad entera está gimiendo con dolores de parto.
23Y no sólo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos por dentro aguardando la condición filial, el rescate de nuestro cuerpo.
24Con esa esperanza nos han salvado. Una esperanza que ya se ve, no es esperanza; pues, si ya lo ve uno, ¿a qué esperarlo?
25Pero, si esperamos lo que no vemos, aguardamos con paciencia.
26De ese modo el Espíritu socorre nuestra debilidad. Aunque no sabemos pedir como es debido, el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inarticulados.
27Y el que sondea los corazones sabe lo que pretende el Espíritu cuando suplica por los consagrados de acuerdo con Dios.
28Sabemos que todo concurre al bien de los que aman a Dios, de los llamados según su designio.
29A los que escogió de antemano los destinó a reproducir la imagen de su Hijo, de modo que fuera él el primogénito de muchos hermanos.
30A los que había destinado los llamó, a los que llamó los hizo justos, a los que hizo justos los glorificó.
31Teniendo esto en cuenta, ¿qué podemos decir? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién estará en contra?
32El que no reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos va a regalar todo lo demás con él?
33¿Quién será fiscal de los que Dios eligió? Si Dios absuelve,
34¿quién condenará? ¿Será acaso el Mesías Jesús, el que murió y después resucitó y está a la diestra de Dios y suplica por nosotros?
35¿Quién nos apartará del amor del Mesías? ¿Tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro, espada?
36Como dice el texto: Por tu causa estamos a la muerte todo el día, nos tratan como a ovejas de matanza.
37En todas esas circunstancias vencemos de sobra gracias al que nos amó.
38Estoy persuadido de que ni muerte ni vida, ni ángeles ni potestades, ni presente ni futuro, ni poderes
39ni altura ni hondura, ni criatura alguna nos podrá separar del amor de Dios manifestado en el Mesías Jesús Señor nuestro.