Nehemías 4
Biblia del Peregrino (1993) ›1Cuando Sambalat, Tobías, los árabes, los amonitas y los asdoditas se enteraron de que la reparación de la muralla de Jerusalén iba adelante porque empezaban a cerrarse las brechas se enfurecieron.
2Y se confabularon para luchar contra Jerusalén y sembrar en ella la confusión.
3Encomendándonos a nuestro Dios, pusimos una guardia día y noche para vigilarlos.
4Mientras los judíos decían: Los cargadores se agotan y los escombros son muchos, nosotros solos no podemos construir la muralla;
5nuestros enemigos comentaban: Que no sepan ni vean nada hasta que hayamos penetrado en medio de ellos y los matemos; así detendremos las obras.
6En esta situación, los judíos que vivían entre ellos, viniendo de diversos lugares, nos repetían una y otra vez que nos iban a atacar.
7Entonces aposté en trincheras detrás de la muralla y entre matorrales gente dividida por familias y armados con sus espadas, lanzas y arcos.
8Después de una inspección, dije a los notables, a las autoridades y al resto del pueblo: No les tengáis miedo. Acordaos del Señor, grande y terrible, y luchad por vuestros hermanos, hijos, hijas, mujeres y casas.
9Al ver nuestros enemigos que estábamos informados, Dios desbarató sus planes y pudimos volver a la muralla, cada cual a su tarea.
10Con todo, desde aquel día la mitad de mis hombres trabajaba mientras la otra mitad estaba armada de lanzas, escudos, arcos y corazas. Las autoridades se preocupaban de todos los judíos.
11Los que construían la muralla y los cargadores estaban armados; con una mano trabajaban y con la otra empuñaban el arma.
12Todos los albañiles llevaban la espada al cinto mientras trabajaban. Y el corneta iba a mi lado,
13porque había dicho a los notables, a las autoridades y al resto del pueblo: El trabajo es tan grande y tan extenso, que debemos esparcirnos a lo largo de la muralla, lejos unos de otros.
14En cuanto oigáis la corneta, dondequiera que estéis, venid a reuniros con nosotros. Nuestro Dios combatirá por nosotros.
15Así seguimos, unos trabajando y otros empuñando las lanzas, desde que despuntaba el alba hasta que salían las estrellas.
16Por entonces también dije al pueblo: Todos pernoctarán en Jerusalén con sus criados. De noche haremos guardia y de día trabajaremos.
17Yo, mis hermanos, mis criados y los hombres de mi escolta dormíamos vestidos y con las armas al alcance de la mano.