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Marcos 8

Biblia del Peregrino (1993)

1En aquellos días se reunió otra vez mucha gente y no tenían qué comer. Llamó a los discípulos y les dijo:

2Me compadezco de esta gente, ya llevan tres días junto a mí y no tienen qué comer.

3Si los despido a casa en ayunas, desfallecerán por el camino; y algunos han venido de lejos.

4Le contestaron los discípulos: ¿De dónde sacaríamos panes para alimentarlos aquí, en despoblado?

5Les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Respondieron: Siete.

6Ordenó a la gente que se recostara en el suelo. Tomó los siete panes, dio gracias, los partió y se los dio a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente.

7Tenían también unos pocos pescaditos. Los bendijo y mandó que los sirvieran.

8Comieron hasta quedar satisfechos, y recogieron las sobras en siete cestos.

9Eran unos cuatro mil. Los despidió

10y enseguida embarcó con los discípulos y se dirigió al territorio de Dalmanuta.

11Salieron los fariseos y se pusieron a discutir con él, pidiéndole, para tentarlo, una señal del cielo.

12Él suspiró profundamente y dijo: ¿Para qué pide una señal esta generación? Os aseguro que a esta generación no se le dará ninguna señal.

13Dejándolos, se embarcó de nuevo y pasó a la otra orilla.

14Se habían olvidado de llevar pan y no tenían en la barca más que uno.

15Él les instruía: ¡Atención! Absteneos de la levadura de los fariseos y de la de Herodes.

16Discutían entre ellos porque no tenían pan.

17Cayendo en la cuenta, Jesús les dijo: ¿Por qué discutís que no tenéis pan? ¿Todavía no entendéis ni comprendéis? ¿Tenéis acaso la mente embotada?

18Tenéis ojos, ¿y no veis?; tenéis oídos, ¿y no oís? ¿No os acordáis?

19Cuando repartí los cinco panes entre los cinco mil, ¿cuántos cestos llenos de sobras recogieron? Le contestaron: Doce.

20Y cuando repartí los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas cestas de sobras recogieron? [Le respondieron: Siete.

21Entonces les dijo: ¿Todavía no comprendéis?

22Cuando llegaron a Betsaida, le llevaron un ciego y le pidieron que lo tocase.

23Tomando al ciego de la mano, lo sacó a las afueras de la aldea, le untó con saliva los ojos, le impuso las manos y le preguntó: ¿Ves algo?

24Y mientras recobraba la vista dijo: Veo hombres; los veo como árboles, pero caminando.

25De nuevo le impuso las manos a los ojos. El ciego afinó la mirada, fue sanado y distinguía todo con claridad.

26Jesús lo envió a casa y le dijo: ¡Ni se te ocurra entrar en la aldea!

27Jesús emprendió el viaje con sus discípulos hacia las aldeas de Cesarea de Felipe. Por el camino preguntó a los discípulos: ¿Quién dice la gente que soy yo?

28Le respondieron: Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que uno de los profetas.

29Él les preguntó: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondió Pedro: Tú eres el Mesías.

30Entonces les ordenó que a nadie hablaran de esto.

31Y empezó a explicarles que aquel Hombre tenía que padecer mucho, ser rechazado por los senadores, los sumos sacerdotes y los letrados, sufrir la muerte y después de tres días resucitar.

32Les hablaba con franqueza. Pero Pedro se lo llevó aparte y se puso a reprenderlo.

33Mas él se volvió y, viendo a los discípulos, reprendió a Pedro: ¡Aléjate de mi vista, Satanás! Tus pensamientos son los de los hombres, no los de Dios.

34Y llamando a la gente con los discípulos, les dijo: Quien quiera seguirme, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz y me siga.

35Quien se empeñe en salvar su vida, la perderá; quien la pierda por mí y por la Buena Noticia, la salvará.

36¿Qué le vale al hombre ganar todo el mundo si pierde su vida?,

37¿qué precio pagará el hombre por ella?

38Si uno se avergüenza de mí y de mis palabras ante esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga con la gloria de su Padre y acompañado de sus santos ángeles.

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