Lucas 9
Biblia del Peregrino (1993) ›1Convocó a los Doce y les confirió poder y autoridad sobre todos los demonios y para sanar enfermedades.
2Y los envió a proclamar el reino de Dios y a sanar [enfermos .
3Les dijo: No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero, ni dos túnicas.
4En la casa en que entréis permaneced hasta que os marchéis.
5Si no os reciben, al salir de la ciudad sacudíos el polvo de los pies como protesta contra ellos.
6Cuando salieron, recorrieron las aldeas anunciando la Buena Noticia y sanando enfermos por todas partes.
7Herodes se enteró de todo lo sucedido y estaba desconcertado; porque unos decían que era Juan resucitado de la muerte,
8otros que era Elías aparecido, otros que había surgido un profeta de los antiguos.
9Herodes comentaba: A Juan yo lo hice decapitar. ¿Quién será éste de quien oigo tales cosas? Y deseaba verlo.
10Los apóstoles volvieron y le contaron cuanto habían hecho. Él los tomó aparte y se retiró por su cuenta a una ciudad llamada Betsaida.
11Pero la multitud se enteró y le siguió. Él los acogió y les hablaba del reinado de Dios y sanaba a los que lo necesitaban.
12Como caía la tarde, los Doce se acercaron a decirle: Despide a la gente para que vayan a los pueblos y campos de los alrededores y busquen hospedaje y comida; pues aquí estamos en despoblado.
13Les contestó: Dadles vosotros de comer. Replicaron: No tenemos más que cinco panes y dos pescados; a no ser que vayamos nosotros a comprar comida para toda esa gente.
14Los varones eran unos cinco mil. Él dijo a los discípulos: Hacedlos recostar en grupos de cincuenta.
15Así lo hicieron y se recostaron todos.
16Entonces tomó los cinco panes y los dos pescados, alzó la vista al cielo, los bendijo, los partió y se los fue dando a los discípulos para que se los sirvieran a la gente.
17Comieron todos y quedaron satisfechos, y recogieron los trozos sobrantes en doce cestos.
18Estando él una vez orando a solas, se le acercaron los discípulos y él los interrogó: ¿Quién dice la multitud que soy yo?
19Contestaron: Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha surgido un profeta de los antiguos.
20Les preguntó: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondió Pedro: Tú eres el Mesías de Dios.
21Él les ordenó que no se lo dijeran a nadie.
22Y añadió: Este Hombre tiene que padecer mucho, ser rechazado por los senadores, sumos sacerdotes y letrados, tiene que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.
23Y a todos les decía: Quien quiera seguirme, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz cada día y sígame.
24Quien quiera salvar su vida la perderá; pero quien pierda su vida por mí la salvará.
25¿Qué le aprovecha al hombre ganar el mundo entero si se pierde o se malogra él?
26Si uno se avergüenza de mí y de mis palabras, el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga con su gloria, la de su Padre y de los santos ángeles.
27Os aseguro que algunos de los que están aquí presentes no sufrirán la muerte antes de ver el reinado de Dios.
28Ocho días después de estos discursos, tomó a Pedro, Juan y Santiago y subió a una montaña a orar.
29Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestidos resplandecía de blancura.
30De pronto dos hombres hablaban con él: eran Moisés y Elías,
31que aparecieron gloriosos y comentaban la partida de Jesús que se iba a consumar en Jerusalén.
32Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño. Al despertar, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él.
33Cuando éstos se retiraron, dijo Pedro a Jesús: Maestro, ¡qué bien se está aquí! Armemos tres tiendas: una para ti, una para Moisés y una para Elías no sabía lo que decía .
34Apenas lo dijo, vino una nube que les hizo sombra. Al entrar en la nube, se asustaron.
35Y se escuchó una voz que decía desde la nube: Éste es mi Hijo elegido. Escuchadle.
36Al sonar la voz, se encontraba Jesús solo. Ellos guardaron silencio y por entonces no contaron a nadie lo que habían visto.
37El día siguiente, al bajar ellos de la montaña, les salió al encuentro un gran gentío.
38Un hombre del gentío gritó: Maestro, te ruego que te fijes en mi hijo, que es único.
39Un espíritu lo agarra, de repente grita, lo retuerce con espumarajos y a duras penas se aparta dejándolo molido.
40He pedido a tus discípulos que lo expulsen y no han sido capaces.
41Jesús contestó: ¡Qué generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo tendré que estar con vosotros y soportaros? Trae acá a tu hijo.
42El muchacho se estaba acercando cuando el demonio lo arrojó y lo retorció. Jesús increpó al espíritu inmundo, sanó al muchacho y se lo entregó a su padre.
43Y todos se maravillaron de la grandeza de Dios. Como todos se admiraban de lo que hacía, dijo a sus discípulos:
44Prestad atención a estas palabras: este Hombre será entregado en manos de hombres.
45Pero ellos no entendían este asunto; su sentido les resultaba encubierto; pero no se atrevían a hacerle preguntas respecto a esto.
46Surgió una discusión entre ellos sobre quién era el más grande.
47Jesús, sabiendo lo que pensaban, acercó un niño, lo colocó junto a sí
48y les dijo: Quien acoge a este niño en atención a mí, a mí me acoge; y quien me acoge a mí acoge al que me envió. El más pequeño de todos vosotros, ése es el mayor.
49Juan le dijo: Maestro, vimos a uno que expulsaba demonios en tu nombre y tratamos de impedírselo, porque no va con nosotros.
50Jesús respondió: No se lo impidáis. Quien no está contra vosotros está a favor vuestro.
51Cuando se cumplía el tiempo de que se lo llevaran al cielo, emprendió decidido el viaje hacia Jerusalén,
52y envió por delante unos mensajeros. Ellos fueron y entraron en un pueblo de samaritanos para prepararle alojamiento.
53Pero éstos no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén.
54Al ver esto, Juan y Santiago, sus discípulos, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que caiga un rayo del cielo y acabe con ellos?
55Él se volvió y los reprendió.
56Y se fueron a otra aldea.
57Mientras iban de camino, uno le dijo: Te seguiré adonde vayas.
58Jesús le contestó: Las zorras tienen madrigueras, las aves del cielo nidos, pero este Hombre no tiene dónde recostar la cabeza.
59A otro le dijo: Sígueme. Le contestó: [Señor , déjame primero ir a enterrar a mi padre.
60Le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el reinado de Dios.
61Otro le dijo: Te seguiré, Señor, pero primero déjame despedirme de mi familia.
62Jesús [le dijo: El que ha puesto la mano en el arado y mira atrás no es apto para el reinado de Dios