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Lucas 18

Biblia del Peregrino (1993)

1Para inculcarles que hace falta orar siempre sin cansarse, les contó una parábola:

2Había en una ciudad un juez que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres.

3Había en la misma ciudad una viuda que acudía a él para decirle: Hazme justicia contra mi rival.

4Por un tiempo se negó, pero más tarde se dijo: Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres,

5como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar a golpes conmigo.

6El Señor añadió: Fijaos en lo que dice el juez injusto;

7y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos si claman a él día y noche? ¿Les dará largas?

8Os digo que les hará justicia pronto. Sólo que, cuando llegue el Hijo del Hombre, ¿encontrará esa fe en la tierra?

9Por algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, les contó esta parábola:

10Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, el otro recaudador.

11El fariseo, de pie, oraba así en voz baja: Oh Dios, te doy gracias porque no soy como el resto de los hombres, ladrones, injustos, adúlteros, o como ese recaudador.

12Ayuno dos veces por semana y pago diezmos de cuanto poseo.

13El recaudador, de pie y a distancia, ni siquiera alzaba los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: Oh Dios, ten piedad de este pecador.

14Os digo que éste volvió a casa absuelto y el otro no. Porque quien se ensalza será humillado y quien se humilla será ensalzado.

15Le acercaron también unos críos para que los bendijera. Los discípulos al verlo les reprendían.

16Pero Jesús los llamó diciendo: Dejad que los niños se acerquen a mí y no se lo impidáis, pues a esos tales les pertenece el reino de Dios.

17Os aseguro que quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él.

18Uno de los jefes le preguntó: Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?

19Jesús le contestó: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno fuera de Dios.

20Conoces los mandamientos: no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no perjurarás, honra a tu padre y a tu madre.

21Le contestó: Todo esto lo he cumplido desde la adolescencia.

22Al oírlo, Jesús le dijo: Una cosa te falta, vende cuanto tienes, repártelo a los pobres y tendrás un tesoro en [el cielo; después sígueme.

23Al oírlo, se puso muy triste, porque era muy rico.

24Al verlo [ponerse muy triste, Jesús dijo: Qué difícil es para los que poseen riquezas entrar en el reino de Dios.

25Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que un rico en el reino de Dios.

26Los que lo oían dijeron: Entonces, ¿quién podrá salvarse?

27Él contestó: Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios.

28Entonces Pedro dijo: Mira, nosotros hemos dejado lo nuestro y te hemos seguido.

29Les contestó: Os aseguro que nadie que haya dejado casa o mujer o hermanos o parientes o hijos por el reino de Dios

30dejará de recibir mucho más en esta vida y en la edad futura la vida eterna.

31Llevándose aparte a los Doce, les dijo: Mirad, subimos a Jerusalén y se cumplirá en este Hombre cuanto escribieron los profetas:

32será entregado a los paganos: se burlarán de él, lo insultarán, lo escupirán,

33lo azotarán y lo matarán; y al tercer día resucitará.

34Ellos no entendieron nada, el asunto les resultaba oscuro y no comprendían lo que decía.

35Cuando se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino pidiendo limosna.

36Al oír que pasaba la gente, preguntó qué sucedía.

37Le dijeron que pasaba Jesús de Nazaret.

38Él gritó: ¡Jesús, Hijo de David, compadécete de mí!

39Los que iban delante lo reprendían para que callase. Pero él gritaba más fuerte: Hijo de David, compadécete de mí.

40Jesús se detuvo y mandó que se lo acercasen. Cuando lo tuvo cerca, le preguntó:

41¿Qué quieres que te haga? Contestó: Señor, que recobre la vista.

42Jesús le dijo: Recobra la vista, tu fe te ha salvado.

43Al instante recobró la vista y le seguía glorificando a Dios; y el pueblo, al verlo, alababa a Dios.

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