Jueces 5
Biblia del Peregrino (1993) ›1Aquel día Débora y Barac, hijo de Abinoán, cantaron:
2Porque cuelgan las melenas en Israel por los voluntarios del pueblo, ¡bendecid al Señor!
3Oíd, reyes; príncipes, escuchad: que voy a cantar, a cantar al Señor, y a tocar para el Señor, Dios de Israel.
4Señor, cuando salías de Seír, avanzando de los campos de Edom, la tierra temblaba, los cielos destilaban, agua destilaban las nubes,
5los montes se agitaban ante el Señor, el de Sinaí; ante el Señor, Dios de Israel.
6En tiempo de Sangar, hijo de Anat, en tiempo de Yael, los caminos no se usaban, las caravanas andaban por sendas tortuosas;
7ya no había aldeanos, no los había en Israel, hasta que te levantaste, Débora; te pusiste de pie, madre de Israel.
8Se habían escogido dioses nuevos: ya la guerra llegaba a las puertas; ni un escudo ni una lanza se veían entre cuarenta mil israelitas.
9¡Mi corazón por los capitanes de Israel, por los voluntarios del pueblo! ¡Bendecid al Señor!
10Los que cabalgáis borricas pardas, sentaos sobre albardas, de camino, atended:
11tocando trompetas, entre los abrevaderos, celebrad las victorias del Señor, las victorias de los aldeanos de Israel, cuando el pueblo del Señor acudió a las puertas.
12¡Despierta, despierta, Débora! ¡Despierta, despierta, entona un canto! ¡En pie, Barac! ¡Toma tus cautivos, hijo de Abinoán!
13Superviviente, somete a los poderosos; pueblo del Señor, sométeme a los guerreros.
14Llegan desde Efraín, que arraiga en Amalec, seguido por Benjamín con sus tropas; de Maquir bajaron los capitanes; de Zabulón los que empuñan el bastón de mando;
15los príncipes de Isacar con Débora; Isacar también con Barac; los infantes destacados al valle. Rubén entre las acequias decide cosas grandes.
16¿Qué haces sentado en los apriscos, escuchando la flauta de los pastores? ¡Rubén entre las acequias decide cosas grandes!
17Galaad se ha quedado al otro lado del Jordán, 27.sigue con sus barcos; Aser se ha quedado a la orilla del mar y sigue en sus ensenadas.
18Zabulón es un pueblo que despreció la vida, como Neftalí en sus campos elevados.
19Llegaron los reyes al combate, combatieron los reyes de Canaán: en Taanac, junto a las aguas de Meguido, no ganaron ni una pieza de plata.
20Desde el cielo combatieron las estrellas, desde sus órbitas combatieron contra Sísara.
21El torrente Quisón los arrolló, el torrente Quisón les hizo frente, el torrente pisoteó a los valientes.
22Martillaban los cascos de los caballos al galope, al galope de los bridones.
23Maldecid a Meroz; maldecidla, dice el mensajero del Señor; maldecid a sus habitantes, porque no vinieron en auxilio del Señor, en auxilio del Señor con sus tropas.
24¡Bendita entre las mujeres Yael, mujer de Jéber, el quenita, bendita entre las que habitan en tiendas!
25Agua le pidió, y le dio leche; en taza de príncipes le ofreció nata.
26Con la izquierda agarró el clavo, con la derecha el martillo del obrero, golpeó a Sísara, machacándole el cráneo, lo destrozó atravesándole las sienes.
27Se encorvó entre sus pies, cayó acostado; se encorvó entre sus pies, cayó; encorvado, allí mismo cayó deshecho.
28Desde la ventana, asomada, grita la madre de Sísara por la celosía: ¿Por qué tarda en llegar su carro, por qué se retrasan los pasos de su tiro?
29La más sabia de sus damas le responde, y ella se repite las palabras:
30Están agarrando y repartiendo el botín, una muchacha o dos para cada soldado, paños de colores para Sísara, bordados y recamados para el cuello de las cautivas.
31¡Perezcan así, Señor, tus enemigos! ¡Tus amigos sean fuertes como el sol al salir! Y el país estuvo en paz cuarenta años.