Biblia
Entrar Crear cuenta

Esquema de color

Tamaño de letra

‹

Jueces 19

Biblia del Peregrino (1993)
›

1Por entonces no había rey en Israel. En la serranía de Efraín vivía un levita que tenía una concubina de Belén de Judá.

2Ella le fue infiel y se marchó a casa de su padre, a Belén de Judá, y estuvo allí cuatro meses.

3Su marido se puso en camino tras ella, a ver si la convencía para que volviese. Llevó consigo un criado y un par de burros. Llegó a casa de su suegro, y al verlo, el padre de la chica salió todo contento a recibirlo.

4Su suegro, el padre de la chica, lo retuvo, y el levita se quedó con él tres días, comiendo, bebiendo y durmiendo allí.

5Al cuarto día madrugó y se preparó para marchar. Pero el padre de la chica le dijo: Repón fuerzas, prueba un bocado y luego os vais.

6Se sentaron a comer y beber juntos. Después el padre de la chica dijo al yerno: Anda, quédate otro día, que te sentará bien.

7El levita se disponía a marchar; pero su suegro le insistió tanto, que cambió de parecer y se quedó allí.

8A la mañana del quinto día madrugó para marchar, y el padre de la chica le dijo: Anda, repón fuerzas. Y se entretuvieron comiendo juntos, hasta avanzado el día.

9Cuando el levita se levantó para marchar con su concubina y el criado, el suegro, el padre de la chica, le dijo: Mira, ya se hace tarde; pasa aquí la noche, que te sentará bien; mañana madrugas y haces el camino a casa.

10Pero el levita no quiso quedarse y emprendió el viaje; llegó a dar vista a Jebús, o sea, Jerusalén. Iba con los dos burros aparejados, la concubina y el criado.

11Llegaron cerca de Jebús ya atardecido, y le dijo el criado a su amo: Podemos desviarnos hacia esa ciudad de los jebuseos y hacer noche en ella.

12Pero el amo le respondió: No vamos a ir a una ciudad de extranjeros, de gente no israelita. Seguiremos hasta Guibeá.

13Y añadió: Vamos a acercarnos a uno de esos lugares, y pasamos la noche en Guibeá o en Ramá.

14Siguieron su camino, y la puesta del sol los pilló cerca de Guibeá de Benjamín.

15Se dirigieron allá para pasar la noche. El levita entró en el pueblo y se instaló en la plaza, pero nadie los invitó a su casa a pasar la noche.

16Ya de tarde llegó un viejo de su labranza. Era oriundo de la sierra de Efraín, y, por tanto, emigrante también él en Guibeá; los del pueblo eran benjaminitas.

17El viejo alzó los ojos y vio al viajero en la plaza del pueblo. Le preguntó: ¿A dónde vas y de dónde vienes?

18Le respondió: Vamos de paso, desde Belén de Judá hasta la serranía de Efraín; yo soy de allí y vuelvo de Belén a mi casa; pero nadie me invita a la suya,

19y eso que traigo paja y forraje para los burros, y tengo comida para mí, para tu servidora y para el criado que acompaña a tu servidor. No nos falta nada.

20El viejo le dijo: ¡Sé bienvenido! Lo que te haga falta corre de mi cuenta. Anda, no te quedes de noche en la plaza.

21Lo metió en su casa, echó pienso a los burros, los viajeros se lavaron los pies y se pusieron a cenar.

22Ya estaban animándose cuando los del pueblo, unos pervertidos, rodearon la casa, y aporreando la puerta, gritaron al viejo, dueño de la casa: Saca al hombre que ha entrado en tu casa, para que nos aprovechemos de él.

23El dueño de la casa salió afuera y les rogó: Por favor, hermanos, por favor, no hagáis una barbaridad con ese hombre, una vez que ha entrado en mi casa; no cometáis tal infamia.

24Mirad, están mi hija soltera y su concubina; os las voy a sacar y abusáis de ellas y hacéis con ellas lo que queráis; pero a ese hombre no se os ocurra hacerle tal infamia.

25Como no querían hacerle caso, el levita tomó a su concubina y se la sacó afuera. Ellos se aprovecharon de ella y la maltrataron toda la noche hasta la madrugada; cuando amanecía la soltaron.

26Al rayar el día volvió la mujer y se desplomó ante la puerta de la casa donde se había hospedado su marido; allí quedó hasta que clareó.

27Su marido se levantó a la mañana, abrió la puerta de la casa, y salía ya para seguir el viaje, cuando encontró a la concubina caída a la puerta de la casa, las manos sobre el umbral.

28Le dijo: Levántate, vamos. Pero no respondía. Entonces la recogió, la cargó sobre el burro y emprendió el viaje hacia su pueblo.

29Cuando llegó a casa, agarró un cuchillo, tomó el cadáver de su concubina, lo despedazó en doce trozos y los envió por todo Israel.

30Cuantos lo vieron comentaban: Nunca ocurrió ni se vio cosa igual desde el día en que salieron los israelitas de Egipto hasta hoy. Reflexionad sobre el asunto y dad vuestro parecer.

WhatsApp