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Juan 8

Biblia del Peregrino (1993)

1Jesús se dirigió al monte de los Olivos.

2Por la mañana volvió al templo. Todo el mundo acudía a él y, sentado, los instruía.

3Los letrados y fariseos le presentaron una mujer sorprendida en adulterio, la colocaron en el centro,

4y le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio.

5La ley de Moisés ordena que dichas mujeres sean apedreadas; tú, ¿qué dices?

6--decían esto para ponerlo a prueba, y tener de qué acusarlo. Jesús se agachó y con el dedo se puso a escribir en el suelo.

7Como insistían en sus preguntas, se incorporó y les dijo: Quien de vosotros esté sin pecado tire la primera piedra.

8De nuevo se agachó y seguía escribiendo en el suelo.

9Los oyentes se fueron retirando uno a uno, empezando por los más ancianos hasta el último. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí de pie en el centro.

10Jesús se incorporó y le dijo: Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?

11Ella contestó: Nadie, señor. Jesús le dijo: Tampoco yo te condeno. Ve y en adelante no peques más.

12De nuevo les habló Jesús: Yo soy la luz del mundo, quien me siga no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.

13Le dijeron los fariseos: Tú das testimonio a tu favor: tu testimonio no es válido.

14Jesús les contestó: Aunque doy testimonio a mi favor, mi testimonio es válido, porque sé de dónde vengo y adónde voy; en cambio vosotros no sabéis de dónde vengo ni a dónde voy.

15Vosotros juzgáis según criterios humanos, yo no juzgo a nadie.

16Y si juzgase, mi juicio sería válido, porque no juzgo yo solo, sino con el Padre que me envió.

17Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos personas es válido.

18Yo soy testigo en mi causa y es testigo también el Padre que me envió.

19Le preguntaron: ¿Dónde está tu padre? Jesús contestó: Vosotros no me conocéis ni a mí ni a mi Padre. Si me conocierais a mí, conoceríais a mi Padre.

20Estas palabras las pronunció junto al lugar del tesoro, cuando enseñaba en el templo. Nadie lo detuvo, porque no había llegado su hora.

21En otra ocasión les dijo: Yo me voy, vosotros me buscaréis y moriréis por vuestro pecado. Adonde yo voy vosotros no podéis venir.

22Comentaron los judíos: ¿Será que se piensa matar y por eso dice que no podemos ir adonde él va?

23Les dijo: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.

24Os dije que moriréis por vuestros pecados. Si no creéis que Yo soy, moriréis por vuestros pecados.

25Le preguntaron: ¿Tú quién eres? Jesús les contestó: Lo que os estoy diciendo desde el principio.

26Tengo mucho que decir y juzgar de vosotros. Pero el que me envió es veraz, y yo he de decir al mundo lo que le he escuchado

27--no comprendieron que se refería al Padre--.

28Jesús añadió: Cuando levantéis a este Hombre, comprenderéis que Yo soy y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como mi Padre me enseñó.

29El que me envió está conmigo y no me deja solo, porque yo hago siempre lo que le agrada.

30Por estas palabras muchos creyeron en él.

31A los judíos que habían creído en él, Jesús les dijo: Si os mantenéis fieles a mi palabra, seréis realmente discípulos míos,

32entenderéis la verdad y la verdad os hará libres.

33Le contestaron: Somos del linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Por qué dices que seremos libres?

34Jesús les contestó: Os aseguro que quien peca es esclavo;

35y el esclavo no permanece siempre en la casa, mientras que el hijo permanece siempre.

36Por tanto, si el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres.

37Me consta que sois del linaje de Abrahán; pero intentáis matarme porque no os cabe mi palabra.

38Yo digo lo que he visto junto a mi Padre; vosotros hacéis lo que habéis oído a vuestro padre.

39Le contestaron: Nuestro padre es Abrahán. Replicó Jesús: Si fuerais hijos de Abrahán, haríais las obras de Abrahán.

40Ahora bien, intentáis matarme, a mí que os he dicho la verdad que le escuché a Dios. Eso no lo hacía Abrahán.

41Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. [Entonces le responden: Nosotros no somos hijos bastardos; tenemos un solo padre, que es Dios.

42Jesús les replicó: Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais, porque yo vine de parte de Dios y aquí estoy. No vine por mi cuenta, sino que él me envió.

43¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no sois capaces de escuchar mi palabra.

44Vuestro padre es el Diablo y vosotros queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Él era homicida desde el principio; no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando dice mentiras, habla su lenguaje, porque es mentiroso y padre de la mentira.

45Cuando yo digo la verdad, no me creéis.

46¿Quién de vosotros me probará algún pecado? Si os digo la verdad, ¿por qué no me creéis?

47El que viene de Dios escucha las palabras de Dios. Por eso vosotros no escucháis, porque no procedéis de Dios.

48Le contestaron los judíos: ¿No tenemos razón al decir que eres samaritano y estás endemoniado?

49Jesús contestó: No estoy endemoniado, sino que honro a mi Padre y vosotros me deshonráis a mí.

50Yo no busco mi gloria; hay quien la busca y juzga.

51Os aseguro que quien cumpla mi palabra no sufrirá jamás la muerte.

52[Entonces le dijeron los judíos: Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abrahán murió, lo mismo los profetas, y tú dices que quien cumpla tu palabra no sufrirá jamás la muerte.

53¿Por quién te tienes?

54Contestó Jesús: Si yo me glorío, mi gloria no vale; es mi Padre quien me glorifica, el que vosotros llamáis Dios nuestro,

55aunque no lo conocéis. Yo en cambio lo conozco. Si dijera que no lo conozco, sería mentiroso como vosotros. Pero lo conozco y cumplo su palabra.

56Vuestro padre Abrahán disfrutaba esperando ver mi día: lo vio y se alegró.

57Le replicaron los judíos: No has cumplido cincuenta años, ¿y has conocido a Abrahán?

58Jesús les dijo: Os lo aseguro, antes de que existiera Abrahán, existo yo.

59Recogieron piedras para apedrearlo; pero Jesús se escondió y salió del templo.

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