Juan 10
Biblia del Peregrino (1993) ›1Os lo aseguro: El que no entra por la puerta en el redil, sino saltando por otra parte, es ladrón y asaltante.
2El que entra por la puerta es el pastor del rebaño.
3El portero le abre, las ovejas oyen su voz, él llama a las suyas por su nombre y las saca.
4Cuando ha sacado a todas las suyas, camina delante de ellas y ellas detrás de él, porque reconocen su voz.
5A un extraño no le siguen, sino que escapan de él, porque no reconocen la voz de los extraños.
6Ésta es la parábola que Jesús les propuso, pero ellos no entendieron a qué se refería.
7Entonces, les habló otra vez: Os aseguro que Yo soy la puerta del rebaño.
8Todos los que vinieron [antes de mí eran ladrones y asaltantes; pero las ovejas no los escucharon.
9Yo soy la puerta: quien entra por mí se salvará; podrá entrar y salir y encontrar pastos.
10El ladrón no viene más que a robar, matar y destrozar. Yo vine para que tengan vida, y la tengan en abundancia.
11Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas.
12El asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo, escapa abandonando las ovejas, y el lobo las arrebata y dispersa.
13Como es asalariado no le importan las ovejas.
14Yo soy el buen pastor: conozco a las mías y ellas me conocen a mí,
15como el Padre me conoce y yo conozco al Padre; y doy la vida por las ovejas.
16Tengo otras ovejas que no pertenecen a este corral; a ésas tengo que guiarlas para que escuchen mi voz y se forme un solo rebaño con un solo pastor.
17Por eso me ama el Padre, porque doy la vida, para después recobrarla.
18Nadie me la quita, yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y para después recobrarla. Éste es el encargo que he recibido del Padre.
19Estas palabras provocaron una nueva división entre los judíos.
20Muchos decían: Está endemoniado y loco, ¿por qué lo escucháis?
21Otros decían: Esas palabras no son de un endemoniado. ¿Puede un endemoniado abrir los ojos a los ciegos?
22Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación y era invierno.
23Jesús caminaba en el templo, en el pórtico de Salomón.
24Lo rodearon los judíos y le preguntaron: ¿Hasta cuándo nos tendrás en vilo? Si eres el Mesías, dilo claramente.
25Jesús les contestó: Os lo dije y no creéis. Las obras que yo hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí.
26Pero vosotros no creéis porque no sois ovejas de las mías.
27Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen;
28yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrancará de mi mano.
29Mi Padre que me las ha dado es más que todos y nadie puede arrancar nada de las manos de mi Padre.
30El Padre y yo somos uno.
31Los judíos recogieron piedras para apedrearlo.
32Jesús les dijo: Por encargo del Padre os he hecho ver muchas obras buenas: ¿por cuál de ellas me apedreáis?
33Le contestaron los judíos: Por ninguna obra buena te apedreamos, sino por la blasfemia, porque siendo hombre te haces Dios.
34Jesús les contestó: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo os digo: sois dioses?
35Si la ley llama dioses a aquéllos a quienes se dirigió la Palabra de Dios, y la Escritura no puede fallar,
36al que el Padre consagró y envió al mundo, ¿vosotros decís que blasfema porque dijo que es Hijo de Dios?
37Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis.
38Pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a mis obras, y os convenceréis de que el Padre está en mí y yo en el Padre.
39[Entonces intentaron arrestarlo de nuevo, pero él se les escapó de las manos.
40Pasó de nuevo a la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba en otro tiempo, y se quedó allí.
41Acudieron muchos a él y decían: Aunque Juan no hizo señal alguna, todo lo que dijo de éste era verdad.
42Y allí, muchos creyeron en él.