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Joel 1

Biblia del Peregrino (1993)

1Palabra que el Señor dirigió a Joel, hijo de Fatuel.

2Oídlo, jefes; escuchad, campesinos: ¿Ha sucedido algo semejante en vuestros días o en los días de vuestros padres?

3Contádselo a vuestros hijos, vuestros hijos a los suyos, y ellos a la siguiente generación.

4Lo que dejó el saltamontes lo comió la langosta, lo que dejó la langosta lo comió el cigarrón, lo que dejó el cigarrón lo comió el langostón.

5Despertad, borrachos, y llorad; gemid, bebedores, que os quitan el licor de la boca;

6porque un pueblo invade mi país, apretado, incontable: tiene dientes de león y quijadas de leona;

7convierte mi viñedo en desolación, reduce las higueras a astillas; pela, descorteza, hasta que blanquean las ramas.

8Suspira como joven vestida de sayal por el marido de su juventud;

9en el templo del Señor cesaron ofrenda y libación, hacen duelo los sacerdotes que sirven al Señor.

10Asolado el suelo, hace duelo la tierra: el grano está perdido, el vino seco, el aceite rancio;

11están defraudados los labradores, se quejan los viñadores por el trigo y la cebada, pues no hay cosecha en los campos.

12La viña está seca, la higuera marchita, el granado, la palmera y el manzano; los árboles silvestres están secos, y hasta el gozo de los hombres se ha secado.

13Vestid de luto, sacerdotes; gemid, ministros del altar; venid a dormir en esteras, ministros de mi Dios, porque faltan ofrenda y libación en el templo de vuestro Dios

14Proclamad un ayuno, convocad la asamblea, reunid a los jefes y a todos los campesinos en el templo del Señor, vuestro Dios, y clamad al Señor:

15¡Ay, qué día!, porque está cerca el día del Señor, llegará como azote del Todopoderoso.

16¿No estáis viendo cómo falta en el templo de nuestro Dios la comida y la fiesta y la alegría?

17Se han secado las semillas bajo los terrones, los silos están desolados, los graneros vacíos, porque la cosecha se ha perdido.

18¡Cómo muge el ganado, está inquieta la vacada, porque no quedan pastos, y las ovejas lo pagan!

19A ti, Señor, te invoco, que el fuego se ha cebado en los prados de la estepa, la canícula abrasa los árboles silvestres.

20Hasta las bestias agrestes rugen a ti, porque están secas las cañadas y el fuego se ceba en los prados de la estepa.

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