Jeremías 9
Biblia del Peregrino (1993) ›1Quién me diera posada en el desierto para dejar a mi pueblo y alejarme de ellos; pues son todos unos adúlteros, una caterva de bandidos;
2tensan las lenguas como arcos, dominan el país con la mentira y no con la verdad; van de mal en peor, y a mí no me conocen -oráculo del Señor-.
3Guárdese cada uno de su prójimo, no os fiéis del hermano, el hermano pone zancadillas y el prójimo anda difamando;
4se estafan unos a otros y no dicen la verdad, entrenan sus lenguas en la mentira, están depravados y son incapaces de convertirse:
5fraude sobre fraude, engaño sobre engaño, y rechazan mi conocimiento -oráculo del Señor-.
6Por eso así dice el Señor Todopoderoso: Yo mismo los fundiré y examinaré, porque no puedo desentenderme de la capital de mi pueblo:
7su lengua es flecha afilada, su boca dice mentiras, saludan con la paz al prójimo y por dentro le traman asechanzas.
8Y de esto, ¿no os tomaré cuentas? -oráculo del Señor-. De un pueblo semejante, ¿no he de vengarme yo mismo?
9Sobre los montes entonaré endechas, en las dehesas de la estepa elegías: están requemadas, nadie transita, no se oye mugir el ganado, aves del cielo y bestias se han escapado.
10Convertiré a Jerusalén en escombros, en guarida de chacales, arrasaré los pueblos de Judá dejándolos deshabitados.
11¿Quién es el sabio que lo entienda? A quien le haya hablado el Señor, que lo explique: ¿por qué perece el país y se abrasa como desierto intransitado?
12Responde el Señor: Porque abandonaron la Ley que yo les promulgué, desobedecieron y no la siguieron,
13sino que siguieron a su corazón obstinado y a los baales recibidos de sus padres.
14Por eso así dice el Señor Todopoderoso, Dios de Israel: Les daré a comer ajenjo y a beber agua envenenada;
15los dispersaré por naciones desconocidas de ellos y sus padres, les echaré detrás la espada hasta que los consuma.
16Así dice el Señor Todopoderoso: Sed sensatos y haced venir plañideras, enviad por mujeres expertas;
17que vengan pronto y nos entonen una endecha, para que se deshagan en lágrimas nuestros ojos y destilen agua nuestros párpados.
18Ya se escucha la endecha en Sión: ¡Ay, estamos deshechos, qué terrible fracaso! Tuvimos que abandonar el país, nos echaron de nuestras moradas.
19Escuchad, mujeres, la Palabra del Señor, reciban vuestros oídos la palabra de su boca. Ensayad a vuestras hijas una endecha, cada una a su vecina una elegía:
20Subió la muerte por las ventanas y entró en los palacios, arrebató al niño en la calle, a los jóvenes en la plaza.
21El Señor dice su oráculo: Yacen cadáveres humanos como estiércol en el campo, como gavillas tras el segador, que nadie recoge.
22Así dice el Señor: No se gloríe el sabio de su saber, no se gloríe el soldado de su valor, no se gloríe el rico de su riqueza;
23quien quiera gloriarse, que se gloríe de esto: de conocer y comprender que soy el Señor, que en la tierra establece la lealtad, el derecho y la justicia y se complace en ellos -oráculo del Señor-.
24Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que pediré cuentas a todo circunciso:
25a Egipto, Judá, Edom, Amón, Moab y a los beduinos de cabeza rapada, porque todos, lo mismo que Israel, son incircuncisos de corazón.