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Jeremías 11

Biblia del Peregrino (1993)

1Palabras que el Señor dirigió a Jeremías:

2Escucha los términos de esta alianza y comunícaselos a los judíos y a los vecinos de Jerusalén.

3Diles: Así dice el Señor, Dios de Israel: Maldito el que no acate los términos de esta alianza,

4que yo impuse a vuestros padres cuando los saqué de Egipto, de aquel horno de hierro: Obedecedme y haced lo que os mando; así seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios.

5Así cumpliré la promesa que hice a vuestros padres de darles una tierra que mana leche y miel. Hoy es un hecho. Yo respondí: Amén, Señor.

6Y el Señor me dijo: Proclama estas palabras en los pueblos de Judá y en las calles de Jerusalén: Escuchad los términos de esta alianza y cumplidlos.

7Yo se lo encarecí a vuestros padres cuando los saqué de Egipto, y hasta hoy he repetido mis encarecimientos: Obedecedme.

8Ellos no escucharon ni prestaron oído, sino que cada uno seguía la maldad de su corazón obstinado. Por eso hice caer sobre ellos las maldiciones de la alianza, pues no hicieron lo que yo les mandaba.

9El Señor me dijo: Judíos y habitantes de Jerusalén se han conjurado

10para tornar a los pecados de sus antepasados, que rehusaron acatar mis mandatos; siguen y sirven a dioses extranjeros. Israel y Judá han quebrantado la alianza que establecí con sus padres.

11Por eso, así dice el Señor: Yo les enviaré una calamidad de la que no podrán rehuir; me gritarán y no les oiré.

12Entonces los pueblos de Judá y los vecinos de Jerusalén irán a gritar a los dioses a quienes quemaban incienso; pero ellos no podrán salvarlos en la hora aciaga.

13Tenías tantos dioses como poblados, Judá; hiciste tantos altares como calles, Jerusalén; altares para ofrecer sacrificios a Baal.

14Y tú no intercedas por este pueblo, no supliques a gritos por él, que no escucharé cuando me invoquen en la hora aciaga.

15¿Qué busca mi predilecta en mi casa?, ¿ejecutar sus intrigas?, ¿podrán los votos y la carne inmolada apartar de ti la adversidad, para que lo celebres con regocijo?

16El Señor te llamó olivo verde de fruto excelente; si le prende fuego, se queman sus ramas.

17El Señor Todopoderoso, que te plantó, pronuncia una amenaza contra ti, por la maldad de Israel y de Judá, que me irritaron quemando incienso a Baal.

18El Señor me enseñó y me hizo comprender lo que hacían:

19Yo, como cordero manso llevado al matadero, no sabía los planes homicidas que tramaban contra mí: Cortemos el árbol en su lozanía, arranquémoslo de la tierra de los vivos, que su nombre no se pronuncie más.

20Pero tú, Señor Todopoderoso, juzgas rectamente, sondeas las entrañas y el corazón; a ti he encomendado mi causa, que logre desquitarme de ellos.

21Así sentencia el Señor contra los vecinos de Anatot, que intentan matarte, diciéndote: No profetices en Nombre del Señor si no quieres morir a manos nuestras.

22Así dice el Señor Todopoderoso: Yo les tomaré cuentas, sus jóvenes morirán a espada, sus hijos e hijas morirán de hambre;

23y no quedará resto de ellos el año de las cuentas, cuando envíe la desgracia a los vecinos de Anatot.

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