Isaías 38
Biblia del Peregrino (1993) ›1En aquel tiempo, Ezequías cayó enfermo de muerte. El profeta Isaías, hijo de Amós, fue a visitarlo y le dijo: Así dice el Señor: Haz testamento, porque vas a morir sin remedio.
2Entonces, Ezequías volvió la cara a la pared y oró al Señor:
3Señor, ten presente que he procedido de acuerdo contigo, con corazón sincero e íntegro, y que he hecho lo que te agrada. Y lloró con largo llanto.
4El Señor dirigió la palabra a Isaías:
5Ve y dile a Ezequías: Así dice el Señor, Dios de tu padre David: He escuchado tu oración, he visto tus lágrimas. Mira, añado a tus días otros quince años.
6Los libraré de las manos del rey de Asiria, a ti y a esta ciudad, y la protegeré.
7Respondió: Ésta es la señal del Señor, de que cumplirá el Señor la palabra dada:
8En el reloj de sol de Ajaz haré que la sombra retroceda los diez grados que ha avanzado. Y desanduvo el sol en el reloj los diez grados que había avanzado.
9Cántico de Ezequías, rey de Judá, cuando cayó enfermo y sanó de la enfermedad:
10Yo pensé: En lo mejor de mis días, tengo que marchar hacia las puertas del Abismo; me privan del resto de mis años.
11Yo pensé: Ya no veré más al Señor en la tierra de los vivos, ya no miraré a los hombres entre los habitantes del mundo.
12Levantan y enrollan mi morada como tienda de pastores. Como un tejedor devanaba yo mi vida, y me cortan la trama. Día y noche me estabas acabando,
13sollozo hasta el amanecer. Me quiebras los huesos como un león, día y noche me estás acabando.
14Como una golondrina estoy piando, gimo como una paloma. Mis ojos mirando al cielo se consumen: ¡Señor, que me oprimen, sal fiador por mí!
15¿Qué le diré y qué pensaré si él es quien lo hace? Huye de mí el sueño por la amargura de mi alma.
16Los que Dios protege, viven, y entre ellos vivirá mi espíritu: me has sanado, me has hecho revivir.
17La amargura se me volvió paz cuando detuviste mi vida ante la tumba vacía y volviste la espalda a todos mis pecados.
18El Abismo no te da gracias, ni la Muerte te alaba, ni esperan en tu fidelidad los que bajan a la fosa.
19Los vivos, los vivos son quienes te dan gracias: como yo ahora. El padre enseña a sus hijos tu fidelidad.
20Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas todos nuestros días en la casa del Señor.
21Isaías ordenó: Que traigan un emplasto de higos y lo apliquen a la herida para que se sane.
22Ezequías dijo: ¿Cuál es la señal de que subiré a la casa del Señor?