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Isaías 33

Biblia del Peregrino (1993)

1¡Ay de ti, devastador, nunca devastado; saqueador, nunca saqueado! Cuando acabes de devastar te devastarán a ti, cuando termines de saquear te saquearán a ti.

2¡Piedad, Señor, que esperamos en ti!, sé nuestro brazo por la mañana y nuestra salvación en el peligro.

3A tu voz atronadora se desbandaron los pueblos, al levantarte tú se dispersaron las naciones,

4y se recogía botín como se recoge la langosta, se abalanzaban a él como avalancha de saltamontes.

5El Señor es excelso, porque habita en lo alto, él ha llenado a Sión de justicia y derecho;

6la fidelidad será su adorno, la sabiduría y el conocimiento serán su provisión salvadora, el respeto del Señor será su tesoro.

7Oíd, los heraldos gimen en la calle, los mensajeros de paz lloran amargamente:

8están destruidas las calzadas y ya no transitan caminantes. Ha roto la alianza, despreciando a los testigos y no respetando al hombre.

9Languidece y se marchita el país, el Líbano se decolora y queda mustio, el Sarón está hecho una estepa, están pelados el Basán y el Carmelo.

10Ahora me pongo de pie, dice el Señor; ahora me yergo, ahora me alzo:

11Concebiréis paja y pariréis tamo, y mi aliento como fuego os consumirá;

12los pueblos serán calcinados, como cardos segados arderán.

13Los lejanos, escuchad lo que he hecho; los cercanos, reconoced mi valor.

14Temen en Sión los pecadores, un temblor se apodera de los perversos: ¿Quién de nosotros habitará en un fuego devorador, quién de nosotros habitará en una hoguera perpetua?

15El que procede con justicia, habla con rectitud y rehúsa el lucro de la opresión; el que sacude la mano rechazando el soborno y tapa su oído a propuestas sanguinarias; el que cierra los ojos para no complacerse en el mal,

16ése morará en las alturas: picachos rocosos serán su alcázar, con abasto de pan y provisión de agua.

17Un rey en su esplendor contemplarán tus ojos, verán un país dilatado,

18y te dirás sobrecogido: ¿Dónde está el que contaba, dónde está el que pesaba, dónde el que contaba las torres?

19Ya no verás al pueblo violento, cuya lengua es oscura y no se entiende, que pronuncia de modo extraño e incomprensible.

20Contempla a Sión, ciudad de nuestras fiestas: tus ojos verán a Jerusalén, morada tranquila, tienda permanente, cuyas estacas no se arrancarán, cuyas cuerdas no se soltarán.

21Que allí el Señor es nuestro capitán, en un lugar de ríos y canales anchísimos, que no surcan barcas de remo ni la nave capitana los cruza:

22Porque el Señor es nuestro juez, el Señor nuestro gobernador, el Señor nuestro rey; él nos salvará:

23están flojas sus cuerdas, no sujetan el mástil ni despliegan las velas. Entonces el ciego repartirá enorme botín y hasta los cojos se darán al saqueo;

24y ningún vecino dirá: Me siento mal, porque al pueblo que allí habita le han perdonado la culpa.

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