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Hechos 7

Biblia del Peregrino (1993)

1El sumo sacerdote lo interrogó: ¿Es eso verdad?

2Él contestó: Hermanos y padres, escuchad. Cuando nuestro padre Abrahán residía en Mesopotamia, antes de trasladarse a Jarán, se le apareció el Dios de la gloria

3y le dijo: Sal de tu tierra y de tu parentela y ve a la tierra que te indicaré.

4Así que salió de Caldea y se estableció en Jarán. Al morir su padre, lo trasladó de allí a esta tierra, que vosotros habitáis ahora.

5Pero no le dio una heredad donde afincarse, sino que le prometió dársela en propiedad a él y a su descendencia. Cuando aún no tenía hijos,

6Dios le habló así: Tus descendientes serán inmigrantes en tierra extranjera; los esclavizarán y maltratarán cuatrocientos años.

7Al pueblo que lo esclavice lo juzgaré yo dijo Dios . Después saldrán y me darán culto en este lugar.

8Como señal de la alianza le dio la circuncisión. Así pues, engendró a Isaac y lo circuncidó al octavo día. Isaac engendró a Jacob y Jacob a los doce patriarcas.

9Los patriarcas, envidiosos de José, lo vendieron para que lo llevaran a Egipto; pero Dios estaba con él

10y lo libró de todas sus desgracias. Hizo que, por su prudencia, se ganase el favor del faraón, rey de Egipto, el cual lo nombró gobernador de Egipto y de su entera corte.

11Sobrevino una carestía en Egipto y Canaán, una época de gran escasez, de suerte que nuestros antepasados no encontraban provisiones.

12Al enterarse Jacob de que había trigo en Egipto envió en una primera expedición a nuestros antepasados.

13En una segunda expedición, José se dio a conocer a sus hermanos y el faraón se enteró del origen de José.

14José mandó llamar a Jacob su padre y a toda la familia, unas setenta y cinco personas.

15Jacob bajó a Egipto, donde murió, lo mismo que nuestros antepasados.

16Sus restos fueron trasladados a Siquén y depositados en el sepulcro que Abrahán había comprado por dinero a los jamoritas de Siquén.

17Cuando se acercaba la hora de cumplirse la promesa que Dios había hecho a Abrahán, el pueblo había crecido y se había multiplicado en Egipto.

18Subió al trono de Egipto un rey que no sabía nada de José,

19ese rey maltrató con astucia a nuestros padres, y los obligó a abandonar a los recién nacidos para que no sobrevivieran.

20Era la época en que nació Moisés, el cual agradaba a Dios. Durante tres meses lo criaron en la casa paterna;

21después lo abandonaron, y la hija del faraón lo adoptó y educó como hijo suyo.

22Moisés se formó en toda la cultura egipcia: era eficaz de palabra y de obra.

23Al cumplir cuarenta años se le ocurrió ir a visitar a sus hermanos israelitas.

24Viendo que uno era maltratado, salió en su defensa y vengó a la víctima matando al egipcio.

25Pensaba que sus hermanos comprenderían que Dios iba a salvarlos por su mano; pero ellos no lo comprendieron.

26Al día siguiente se presentó a unos que reñían e intentó reconciliarlos diciendo: Sois hermanos, ¿por qué os maltratáis?

27Pero el que estaba abusando del otro lo rechazó diciendo: ¿Quién te ha nombrado jefe y juez nuestro?

28¿Pretendes matarme como mataste ayer al egipcio?

29Al oírlo, Moisés se escapó y se estableció en Madián, donde engendró dos hijos.

30Pasados cuarenta años, se le apareció un ángel en el desierto del monte Sinaí, en la llama de una zarza que ardía.

31Moisés quedó maravillado ante el espectáculo, y, cuando se acercaba para reconocerlo, se oyó la voz del Señor:

32Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob. Moisés, temblando, no se atrevía a mirar.

33El Señor le dijo: Quítate las sandalias de los pies, que estás en lugar sagrado.

34He visto cómo sufre mi pueblo en Egipto, he escuchado su queja y he bajado a liberarlos. Y ahora yo te envío a Egipto.

35A este Moisés, a quien habían rechazado diciendo: ¿Quién te ha nombrado jefe y juez?, Dios lo envió como liberador por medio del ángel que se le apareció en el zarzal.

36Él los sacó realizando milagros y señales en Egipto, en el 41.Rojo y cuarenta años en el desierto.

37Éste es el Moisés que dijo a los israelitas: De vuestros hermanos Dios suscitará un profeta como yo.

38Éste es el que en la asamblea, en el desierto, trataba con el ángel que le había hablado en el monte Sinaí a él y a nuestros padres; el que recibió palabras de vida que luego nos comunicó.

39Nuestros padres no quisieron obedecerle, al contrario lo rechazaron y desearon volver a Egipto.

40Y pidieron a Aarón: Fabrícanos un dios que vaya delante de nosotros, porque no sabemos qué ha sido de ese Moisés, que nos sacó de Egipto.

41Entonces hicieron el becerro, ofrecieron sacrificios al ídolo y celebraron fiesta en honor de la obra de sus manos.

42Así que Dios decidió entregarlos al culto de los astros del cielo, como está escrito en los libros proféticos: ¿Acaso me ofrecisteis víctimas y sacrificios estos cuarenta años en el desierto, Casa de Israel?

43Transportasteis la tienda de Moloc y el astro del dios Refán y las imágenes que hicisteis para adorarlas. Por eso os deportaré allende Babilonia.

44Nuestros padres en el desierto tenían la tienda del Testimonio, según las instrucciones que mandó a Moisés: fabricarla conforme al modelo que le había mostrado.

45Nuestros padres la recibieron y, bajo el mando de Josué, la introdujeron en la heredad de los paganos, a los que expulsó por delante Dios; y duró hasta el tiempo de David.

46Éste obtuvo el favor de Dios y solicitó permiso para buscarle una morada al Dios de Jacob.

47Pero tocó a Salomón construirle el templo;

48si bien el Altísimo no habita en fábricas humanas, como dice el profeta:

49El cielo es mi trono y la tierra estrado de mis pies: ¿qué casa me vais a construir? dice el Señor , ¿qué lugar para mi descanso?

50¿No ha hecho mi mano todo esto?

51¡Duros de cabeza, incircuncisos de corazón y de oídos!, resistís siempre al Espíritu Santo; sois igual que vuestros padres.

52¿A qué profeta no persiguieron vuestros padres? Mataron a los que profetizaban la venida del Justo, al que vosotros ahora habéis entregado y asesinado.

53Vosotros que recibisteis la ley por ministerio de ángeles y no la observasteis.

54Oyendo su discurso se recomían por dentro y rechinaban los dientes contra él.

55Esteban, lleno del Espíritu Santo, fijando la vista en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús a la derecha de Dios,

56y dijo: Estoy viendo el cielo abierto y a aquel Hombre en pie a la derecha de Dios.

57Ellos dieron un grito estentóreo, se taparon los oídos, se arrojaron a una contra él,

58lo echaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos habían dejado los mantos a los pies de un muchacho llamado Saulo.

59Mientras lo apedreaban, Esteban invocó: Señor Jesús, acoge mi espíritu.

60Y arrodillado, gritó con voz potente: Señor, no les tengas en cuenta este pecado. Y dicho esto, murió.

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